Tintin en el país de los soviets

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Re: Tintin en el país de los soviets

Mensaje por Xifort » 18 Sep 2011, 18:53

Completamende de acuerdo. sísí_
Es mi opinión, y yo la comparto

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MilRayos
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Re: Tintin en el país de los soviets

Mensaje por MilRayos » 16 Oct 2011, 18:59

macabo de quedar tieso
Galerie Champaka escribió:Album « Tintin au Pays des Soviets » - 1930
Exemplaire original du 4eme mille - état exceptionnel
Ref : HERGÉ-20 - PVP : 45.000 €

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Re: Tintin en el país de los soviets

Mensaje por Xifort » 17 Oct 2011, 19:02

Bueno, es que ese es un incunable. Hay facsímiles por 15€
Es mi opinión, y yo la comparto

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almarture
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Re: Tintin en el país de los soviets

Mensaje por almarture » 05 Nov 2011, 20:53

Gracias al libro Trace HG he podido descubrir que Huntle Palm son las galletas "Huntle & Palmer": http://history.knowsley.gov.uk/photos/h ... -b-z1a.jpg
Catálogo de Tintin en España: http://www.catalogotintin.jimdo.com

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Paulus
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Re: Tintin en el país de los soviets

Mensaje por Paulus » 06 Dic 2011, 18:39

Vamos hoy con los Soviets. El ‘eslabón perdido’, la ‘aventura fantasma’ de Tintín, la que durante mucho tiempo no circulaba, no se conocía, y que cuando apareció más parecía un fancine o un pastiche que un álbum ‘de los de verdad’. Recuerdo que, hacia los once o doce años, en mi biblioteca local, tras haber disfrutado de más de la mitad de las aventuras de Tintín (incluyendo obras de madurez como Asunto o Stock), di medio escondido con este álbum. De primeras, me causó un choque. El nombre ‘Tintín’ figuraba, inequívocamente, en la portada. Y ese muñequito de plomo sin boca, sin expresión, sin duda tenía que ser nuestro reportero… el mismo tupé, el mismo (¿el mismo?) fox-terrier a su lado… pero, ¿qué era aquello? Una rápida ojeada/hojeada me bastó para comprender que aquello no se parecía apenas al mundo de Tintín que ya conocía… faltaba el color, los dibujos parecían torpes e inexpresivos… y sin embargo, la advertencia preliminar identificaba, sin lugar a dudas, aquel desmañado álbum, tan poco atractivo a priori, como ‘la primera aventura de Tintín’, y con datos. Ya no cabía desconfiar. Con mucha curiosidad, aunque sin hacerme ilusiones, tomé el ejemplar prestado. De camino a casa, al pasar por aquella familiar tienda de fotocopias a la que había llevado algún encargo, consideré vagamente que por primera vez tenía entre las manos un álbum de Tintín que podría hacer fotocopiar sin que se perdiera gran cosa. Hablando de fotocopias en blanco y negro, claro. Pero no lo fotocopié. Al llegar a casa me sumergí en su lectura, y pronto se enfrentaron en mi interior sentimientos encontrados. Por una parte, algunos detalles de dibujo desmañado me producían irritación e hilaridad - ¡qué chapuza! -, pero otros detalles parecían admirables; por un lado, la historia era gratuita, infantil (incluso para mis once o doce años), tosca, primitiva; y por otro, te capturaba la atención por momentos e incluso te podía llegar a fascinar con sus distintos ambientes y admirable desenvoltura. Aquello tenía encanto. ¿Quién era este Hergé, que se tomaba y no se tomaba en serio su trabajo, que sabía y no sabía dibujar, que no tenía ni idea, o más de la que parecía, de cómo contar una historia? Yo creo que la lectura de los Soviets nos expone a todos a este tipo de sensaciones contradictorias.
Una constatación: su éxito fue resonante, sin ambigüedades, desde el principio. Había algo, aquello tenía algo. Desenfado. Informalidad. El encanto de la improvisación desenvuelta, a veces chabacana, y a veces sublime, el todo abigarrado, la irregularidad, la alegría de ir a salto de mata, el triunfo de la espontaneidad, la velocidad y el humor. Aquel primer Tintín no era el Tintín que conocemos. Era más gracioso, más irresponsable, un mequetrefe pendenciero, travieso, imaginativo, pícaro, retador y fanfarrón, presumido e irreflexivo. Un Tintín más infantil y menos ejemplar. Más violento y menos razonable. Con poses y actitudes de chulito de barrio. Con una expresividad corporal elocuente y cómica, que compensaba un rostro aun más inexpresivo (habitualmente, representado sin boca). Un ‘Tintín años veinte’: futurismo, maquinismo, velocidad, modernidad: un Tintín de la era del jazz y de Harold Lloyd, de la ‘deshumanización del arte’ de Ortega y ‘héroe de acción’.
Comienza la aventura. Un comienzo que se repite. El debut de un reportero, aunque se intuye que ha debido de tener algunas misiones antes, pues en algún lado se habrá tenido que ganar la fama de intrépido y la confianza que depositan en él al enviarlo al País-de-Irás-y-no-Volverás de la época. Quien lo despide en el andén parece caricatura de alguien real. No cabe comienzo menos distinguido para su aventura: nada más salir, el héroe se queda dormido. Y nada más salir, ya se nos presenta a uno de los ‘malos’, un bolchevique de opereta que actúa como un anarquista, con bomba y todo. Segunda entrega: milagrosamente, Tintín y Milú son los únicos supervivientes a bordo del tren, que continúa su camino (primera perspectiva de la serie); con desenfado, se ha producido una masacre sólo insinuada, pero peor que las del Congo. Asombro: una gran cantidad de páginas discurren en Berlín. Claro que en la época, justo al final del periodo de Weimar, Berlín tenía fama de ‘ciudad de izquierdas’ (ya había tenido sus propios soviets en 1918-1919). Los primeros exteriores de la serie Tintín son de una calle de Berlín con algunos transeúntes algo momificados. Tintín escapa del calabozo demostrando que es duro de pelar y astuto (p. 5). En la p. 6 aparece ya el virtuosismo de la velocidad, influencia del cine mudo de los Keystone Kops y de Mickey Mouse, que yo tengo muy presente en estas primeras aventuras de Tintín. Por cierto que Tintín es un atolondrado y un imprudente: se estrella, pero Milú colabora para el primer truco en que se hace con el vehículo de sus perseguidores (algo que volverá a aparecer más adelante en sus aventuras). Justo en la última viñeta de la p. 8 la velocidad, al echar hacia atrás su flequillo, hace nacer su famoso tupé. La persecución de un avión (Con la muerte en los talones) le lleva a cruzar la vía con peor suerte que en Oreja, y en la p. 11, al regresar a bordo del tren es como si el relato retomara otra vez el plan inicial de la aventura. Como en el juego de la oca, volvemos a la primera casilla. Estas idas y venidas, estas vacilaciones, estas improvisaciones, son parte del encanto de la aventura. Suspense de los malos que conspiran a las espaldas de nuestro héroe cuando entra en el país de los Soviets. Es casi simpático el malo que come plátanos y gracias a Milú interpreta el papel de ‘cazador cazado’. Con tanta distracción y coquetería (¡cuántas veces visita al sastre, este primer Tintín!), hay que usar un carricoche para alcanzar el tren. Nos enteramos de que nuestro héroe es un pequeño genio de la mecánica (p. 20). Y de que las comunicaciones y servicios de información en la URSS son excelentes, pues la presencia del reportero en la vía no ha pasado inadvertida (p. 21). Nuevamente Tintín se revela duro de pelar: en las pp. 23-24 se muestra arrogante, desafiante y retador, y boxea muy bien plantado, con una técnica quizás no muy ortodoxa pero eficaz (su segunda pelea). Otra vez el tren, esta vez muy angustioso dando caza al héroe en un inquietante desfiladero. El relato es como una marquetería de elementos yuxtapuestos, no es causal sino casual, no está premeditado, es acumulativo. En las pp. 26-27, el primer episodio ‘real’ o ‘realista’, que Hergé saca de su documentación literaria, y de carácter político: la simulación de la falsa fábrica. En seguida, Tintín demuestra su caridad (faceta algo más seria y humanista que las vistas hasta ahora) al acoger al mendigo, en las pp. 28-29. Es una trampa, como Milú descubre, y cuando el malo queda desenmascarado, sin inmutarse, con chulería y humor, Tintín despacha (tercera pelea, este chico no es un muchacho indefenso) a su enemigo caseramente: sopera frente a pistola. Pero como es un chico educado y no le faltan posibles, paga los desperfectos y marcha al segundo episodio ‘realista-político’ de la historia: las elecciones bajo coacción (magnífica sucesión visual, las viñetas de la p. 33, muy expresiva con un mínimo de elementos). Descubierto, Milú salva a su dueño, y no será esta la última vez que para hacerlo pasará por entre las piernas del malo… Primer descanso de la historia: episodio nocturno en el alojamiento - ¡con iconos, en la atea URSS!, la primera y última crónica que vemos escribir a nuestro héroe, las graciosas ‘viñetas dobles’ a un lado y otro de la puerta, la estratagema de los fantasmas, y la recompensa de la alcantarilla (pero ¿cómo se iban a dejar una alcantarilla abierta, por muy país de pesadilla que fuera?) por no saber parar. La situación angustiosa de las pp. 44-46 me pareció desde la primera vez muy eficaz, muy poderosa. Nueva huída, ahora por medio acuático, en barca. Sin transición, en la p. 53, Tintín cambia la barca por un coche de carreras. Desenfreno alucinante. Nadie sabe hacia dónde progresa el relato. Delicioso suspense del veloz reguero de gasolina, virtuosismo de la velocidad con un coche que por momentos parece flexible, como de goma, acumulando explosiones por el camino (un camión de combustible, unas maniobras militares), y de pronto… salvado en la p. 59. La ironía de la situación. ¿Había postes de BP en la URSS? Ni idea. Atolondrado, Tintín intenta reparar una avería que no era tal, sino pinchazo… y se muestra desconsiderado aprovechándose de manera excesiva, como un auténtico matoncillo, de un inofensivo transeúnte, para hinchar su neumático. Tras las ‘reparaciones’, el coche anda igual que antes. Hergé parece reírse de sí mismo, y esto resulta encantador. Moscú al fin. Poco más que un húmedo calabozo: tan húmedo que Tintín escapará en escafandra (pero, ¿quién iba a dejársela ahí al lado precisamente?), no sin antes temblar curiosísimamente, con el trazo de la pluma, en la p. 68, ante unos ‘tormentos chinos’ que son, precisamente, uno de los estereotipos de los que Tintín se burlará ante Tchang en Loto, no mucho tiempo después… Tintín bucea, siembra el terror entre sus perseguidores. Fiel a su principio, hace frente a las armas de sus enemigos con recursos más ‘caseros’: si otra vez fue con una sopera, ahora es a pedrada limpia. Como un muchacho callejero: todo indica que este Tintín que se pelea tan bien y con tanta afición ha tenido una infancia a lo Quique y Flupi… Cambia de golpe el tono del relato, se introduce el tercer episodio ‘histórico-realista’ en pp. 75-76, el reparto de pan a los buenos comunistas, y sin solución de continuidad -.con nueva suplantación de identidad como la de la p. 5 – el cuarto, que lleva a Tintín a alistarse en la expedición contra los kulaks, ‘campesinos ricos’ cuyo trigo, producto al fin del trabajo honrado, desea salvar de la requisa bolchevique. La aventura parece terminar mal (cuic), pero la vida sigue y ahora el escenario nos lleva a la estepa, el infierno de nieve y hielo, el infierno de la pureza, del blanco como los sueños blancos que Hergé tendría mucho tiempo después… Siempre he pensado que si Hergé se hubiera decidido a dibujar una versión en color de los Soviets, estas páginas de la nieve se habrían parecido, visualmente, a la escena del Tíbet en que Tintín, tras hallar la pista de Tchang en la primera cueva, se pierde, sin visibilidad, en medio de una tormenta de nieve. Pasan toda clase de cosas: Tintín se hiela y se deshiela, pelea a brazo partido con un oso y lo vence (¡) retratándose por la proeza en pose estatuaria (p. 88); sin embargo, cuando en la siguiente pelea no lleva las de ganar (pp. 93-94), la suerte gana por él (como ganará Milú al guepardo de Stock, años después). Curiosamente, a este primer Tintín se le dan bien todos los ingenios mecánicos, pero no la monta (esto cambiará). Y sigue el episodio delicioso de la cabaña del terror, espeluznante y cómico al mismo tiempo, como los Mickey de Skeleton Dance o Haunted Hause de aquellos años, dibujados por Ub Iwerks… Con valor, Tintín desenmascara la superchería para campesinos ignorantes y asustadizos, y se adentra en el subterráneo de los malos, donde Milú lo salva una vez más, y de donde saldrá en avioneta. Como luego en el Cangrejo, la avioneta entra en una tormenta y cae, pero esta vez las consecuencias de la caída son tan mínimas que sólo afectan a la hélice. Con paciencia de boy-scout, Tintín se hace otra hélice (otras dos), sin molestarse en dormir ni nada, y como más tarde Hernández y Fernández, sus involuntarias acrobacias aéreas le valdrán un recibimiento triunfal en un evento deportivo, esta vez aclamado en Berlín (¡otra vez!), donde conoce – fenomenal viñeta la de la cerradura múltiple o móvil, muy de cine mudo – los horrores del alcohol. Los bolcheviques siguen conspirando contra nuestro héroe: unos se hacen pasar por policías, otros le hacen proposiciones indecentes (como luego los gángsters de Chicago), otro lo acecha con drogas… La victoria final es total. La policía por primera vez sirve para algo, se detiene al malo, y el documento aquel (folletinesco como una especie de ‘protocolo de los sabios de Sión’) contiene la escalofriante (o infantil) revelación, tan exagerada que hace reír, de que el bolchevique aquel se disponía a volar ¡todas las capitales de Europa! (sic, ¿Moscú también se incluiría?). Bolcheviques o anarquistas con bomba… total, todo es de la misma familia; en esto es como si hubiéramos regresado a la primera entrega semanal del relato. Por lo demás, Tintín se dispone a una nueva salida. Contra toda lógica. ¿Una nueva salida que prepara, tan consumista y coqueto como antes, comprándose un supercoche y un atuendo a la moda? Salida falsa, claro, como alguna de las de don Quijote; ésta acaba a bordo de un tren que, por casualidad, lo devuelve a Bruselas, y el héroe – ningún plan, después de todo, puede oponerse a la marcha de los acontecimientos – se resigna a regresar y posponer para mejor ocasión su regreso al país de los Soviets. Menos mal que el triunfal recibimiento de la última viñeta de la aventura – sobrecogedor ejemplo de la realidad imitando al arte – demuestra que todo lo sucedido realmente ha sucedido, pues de lo contrario, pensaríamos que este Tintín simplemente se quedó dormido en el tren, el tren llegó a su destino en la URSS y regresó a Bruselas, sin que él llegara en ningún momento a despertarse… y entonces todo desde la página 2 habría sido un sueño, como en Little Nemo, ese otro clásico del primer cómic. ¡Qué vértigo!

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Re: Tintin en el país de los soviets

Mensaje por vicrogo » 07 Dic 2011, 00:56

Un resumen excelente, incluidos los consejos para colorear las escenas nevadas, si llego a hacerlo los seguiré :mrgreen: . Todos tus comentarios me parecen muy atinados y bien fundamentados, no sé qué más se puede añadir después de tu mensaje. winner_
Si quieres ver mis tórtolas, entra en http://tortolas.blogspot.com/

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Re: Tintin en el país de los soviets

Mensaje por bardol » 07 Dic 2011, 16:20

Genial resumen. Me ha encantado.

Este es uno de mis albumes favoritos. No por su calidad intrínseca, sino por lo entretenido, trepidante y alocado que es. Lo leí con unos 12 años, cuando ya había leido todos los albumes de Tintin, y aunque era plenamente consciente de que ese Tintin estaba en pañales, y que la historia era muy poco realista, me pareció de lo más gracioso. Y me parecía fascinante (y me lo sigue pareciendo) cómo con tan poco Hergé logra transmitir tanto.

Uno de los detalles que siempre me ha llamado la atención de este album es el hecho de que Tintin no tenga cejas, y Milú sí. Es como si Milú tuviera la oportunidad de ser mucho más expresivo y "realista" que el protagonista de la historia. A pesar de eso, Hergé recurre a tretas geniales para que dos puntitos sirvan de ojos expresivos. Hay una escena en la que sencillamente poniendo dos rayitas en vez de dos puntitos, Hergé da a Tintín una mirada de profundo odio hacia el contrincante ante el que está a punto de darse de tortas. Brillante.

A pesar de lo pueril del guión, es indudable en este album que Hergé es un dibujante con un talento especial para narrar mediante imágenes. Sus dibujos son sencillos, pero muy evocadores. Las persecuciones en coche dan vértigo, la escena de la votación infunde desesperanza, la escena en la que Tintín intenta huir del fuego que le persigue por el reguero de gasolina es de lo más emocionante... todo está narrado de forma eficiente.

Probablemente si Hergé hubiera redibujado este album, hubiera perdido mucho de ese encanto (aunque seguramente hubiera ganado en otras cosas). Particularmente, me gusta el album tal cual, sin retocar.

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Re: Tintin en el país de los soviets

Mensaje por Miguel » 08 Dic 2011, 19:09

Este álbum a mí se me sigue atragantando. Lo conocí tarde y por ello no me "enganchaba", trás releerlo se van entendiendo los multiples gags derivados del cine. Yo creo que es una aventura que no podía ser redibujada y modernizada porque no existe un guión a seguir, se trata de una suma de situaciones sin un hilo conductor. El libro podría tener 62 ó 620 páginas en función de la imaginación del artista... Se intuyen algunas cosas... Creo que si la vuelta a Brusélas hubiera sido un fracaso Tintín hubiera terminado allí. ¿Infantil? Por supuesto, esta era su finalidad y el mismo personaje es infantil, no se trata de un jovenzano sino de un verdadero niño (El título podría haber sido "las aventuras de un scout en la estepa"), pero creo que ahí reside su gracia en verlo como un dibujo hecho para entretener sin más. Cierto que con un matiz politico pero tan, tan, evidente que se puede prescindir de él.
En todo caso, el álbum no lo regalo y leo detalles de vez en cuando. Gracias Paulus, sigue haciendonos cavilar.

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Re: Tintin en el país de los soviets

Mensaje por Paulus » 09 Dic 2011, 15:31

vicrogo escribió:Un resumen excelente, incluidos los consejos para colorear las escenas nevadas, si llego a hacerlo los seguiré :mrgreen: . Todos tus comentarios me parecen muy atinados y bien fundamentados, no sé qué más se puede añadir después de tu mensaje. winner_
Bueno, sin duda se podrán añadir muchas cosas, me alegra mucho que te haya parecido acertado mi comentario (tampoco añade nada importante a lo que todos sabemos), y me encantaría ver el resultado de tus trabajos de 'coloreo'.

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Re: Tintin en el país de los soviets

Mensaje por Paulus » 09 Dic 2011, 15:38

bardol escribió:Genial resumen. Me ha encantado.
¡Muchas gracias! A mandar leyendo_:
bardol escribió: Este es uno de mis albumes favoritos. No por su calidad intrínseca, sino por lo entretenido, trepidante y alocado que es. Lo leí con unos 12 años, cuando ya había leido todos los albumes de Tintin, y aunque era plenamente consciente de que ese Tintin estaba en pañales, y que la historia era muy poco realista, me pareció de lo más gracioso. Y me parecía fascinante (y me lo sigue pareciendo) cómo con tan poco Hergé logra transmitir tanto.
Muy de acuerdo. El enigma de los Soviets es que guste tanto pareciendo tan poco. O, por afinar un poco más: que parezca tan poco y sea tanto. Porque el talento está ahí, y el éxito fue merecido, a pesar de las torpezas de primerizo, de las improvisaciones... hay algo que engancha, algo muy afortunado tras esta primera aventura, que pone en marcha todas las demás, todo un universo. Y tiene una enorme riqueza de ideas y episodios, sin profundizar cubre mucho, mucho terreno.
bardol escribió: Uno de los detalles que siempre me ha llamado la atención de este album es el hecho de que Tintin no tenga cejas, y Milú sí. Es como si Milú tuviera la oportunidad de ser mucho más expresivo y "realista" que el protagonista de la historia. A pesar de eso, Hergé recurre a tretas geniales para que dos puntitos sirvan de ojos expresivos. Hay una escena en la que sencillamente poniendo dos rayitas en vez de dos puntitos, Hergé da a Tintín una mirada de profundo odio hacia el contrincante ante el que está a punto de darse de tortas. Brillante.
Esto está muy bien visto, y tienes mucha razón, es un detalle de gran maestría, de un instinto excepcional.

bardol escribió: Probablemente si Hergé hubiera redibujado este album, hubiera perdido mucho de ese encanto
Estoy de acuerdo. Me resulta difícil de imaginar unos Soviets redibujados en los 40 o en los 50, o, peor aún, en los 60 (como esa extraña Isla Negra desnaturalizada), y por alguna razón pienso que el resultado sería como whisky con mucha, mucha agua, o un sucedáneo muy light e insulso del original.

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Re: Tintin en el país de los soviets

Mensaje por Paulus » 09 Dic 2011, 15:48

Miguel escribió:Yo creo que es una aventura que no podía ser redibujada y modernizada porque no existe un guión a seguir, se trata de una suma de situaciones sin un hilo conductor. El libro podría tener 62 ó 620 páginas en función de la imaginación del artista...
Totalmente de acuerdo, Hergé se lanzó sin plan, como un acróbata sin red, y el relato es informe, o propiamente no existe.
Miguel escribió:Creo que si la vuelta a Brusélas hubiera sido un fracaso Tintín hubiera terminado allí.
Muy interesante, probablemente tienes razón. ¿Habría empezado Hergé otra serie distinta? Pero sin duda, si el éxito no hubiera acompañado en ese momento crítico, la carrera de Tintín habría sido mucho más corta.
Miguel escribió:El título podría haber sido "las aventuras de un scout en la estepa"
Muy bueno tintín_
Miguel escribió:Gracias Paulus, sigue haciendonos cavilar.
¡Es un placer! Me alegra mucho que mis impresiones interesen a alguien, y si sirven de pretexto para volver a revisar este o aquel álbum, pues cumplen su función.

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Re: Tintin en el país de los soviets

Mensaje por SerkaLoser » 16 Dic 2011, 14:00

Buen resumen, felicidades Paulus aplauso_

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Re: Tintin en el país de los soviets

Mensaje por Frakamor » 06 May 2012, 15:41

Es curioso lo que me ocurre con esta historia. Conforme más la leo más me gusta. De hecho, creo que la calidad del dibujo no es baja, pues las proporciones y la perspectiva están muy bien logradas, las dimensiones, hay un respeto por los puntos de fuga... en fin, un dibujo poco detallista, tosco y burdo en sus trazos, pero a la vez seguro y firme, con un dinamismo y una fuerza brutal en algunas viñetas.

Ya haré en otra ocasión un comentario más largo y profundo de esta extraña historia, pero sí me gustaría indicar algunos detalles agradables.

Uno de ellos es la fiel reproducción de la policía alemana de la época y de los uniformes del Ejército Rojo (Красная Армия) y también el correcto uso del alfabeto cirílico como eso de народны комиcсар (comisario del pueblo)...

Una obra interesante a pesar de su repelente maniqueísmo, aún así me parece superior a Tintín en el Congo.
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Re: Tintin en el país de los soviets

Mensaje por mirphiss » 06 May 2012, 16:23

Coincido contigo. Las tres primeras aventuras de Tintin son las más primitivas y, por lo tanto, no me apasionan tantísimo como a partir de "Cigarros".

Y de ésas tres "Congo" es la que menos he vuelto a releer ya que la considero más infantil en el mal sentido de la palabra. Desde luego si tuviese que elegir prefiero Soviets-América.

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Re: Tintin en el país de los soviets

Mensaje por Paulus » 06 May 2012, 19:22

Muy interesantes vuestras opiniones, estoy bastante de acuerdo.
Yo aún diría más... si tuviera que elegir, elegiría Soviets, mejor que América, y Congo en último lugar de las tres.

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