"Objetivo: Rastapopoulos" by Zafiret

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zafiret
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Re: Otra historieta apócrifa

Mensaje por zafiret » 08 Abr 2012, 08:22

Haddock estaba muy animado. Su estado ya era totalmente estable y los dolores ya eran historia para él. Tenía asumido que ya no volvería a andar, seguía necesitando la mascarilla de oxígeno y le afeitaban la barba que le crecía cada tres días, pero estaba convencido de que pronto se iría a casa.
Por su parte Pierre Roi seguía siendo un invitado silencioso en su habitación. Sólo tenía movilidad en su brazo izquierdo y la doctora Kieckiens ya le había comunicado que, debido a las lesiones sufridas en el accidente, tardaría mucho tiempo en recuperar su voz. La conclusión era la siguiente: no se mueve ni habla, por lo que no molesta.
La gruesa cortina ya sólo la colocaban cuando iban a efectuar alguna cura, por lo que la intimidad de la habitación había volado por los aires al igual que en su día voló El Unicornio. Néstor no abandonaba a su señor salvo en las ocasiones en que el profesor Tornasol, quien trabajaba en un potingue para evitar la caída del cabello que cada vez se evidenciaba más en el capitán Haddock, o Bianca Castafiore les hacían una vista, momento que aprovechaba para descansar.
El señor Roi se estaba ganando el cielo. Al contrario de lo que parecía en un principio, era el capitán Haddock el que no paraba de contarle sus historias a lo largo de los siete mares. Qué mejor oyente que el que no puede huir y además no interrumpe.
Una tarde volvió el teniente Bellier acompañado de la doctora Kieckiens. Hicieron salir a Néstor de la habitación, corrieron la cortina y comenzaron a hablar acerca del señor Roi.
-¿Me puede explicar qué es lo que le pasa con la voz?
-Verá, en una primera exploración no nos dimos cuenta porque al servicio de urgencias llegó entubado, pero cuando éste le fue retirado tras la operación vimos que tenía el hueso hioides fracturado, seguramente a causa de un intento de estrangulamiento.
-Intento de estrangulamiento…
-Sí. Y es por esto por lo que no podrá articular palabra hasta que este hueso le suelde y le solidifique… unas 6 semanas.
-¿Seis semanas? No podemos esperar tanto, debemos hablar con él. ¿Podemos preguntarle y que responda mediante gestos?
-Eso ya es cosa suya, no mía.
-Perfecto. Necesito también que se lleven al señor Haddock… que dé un paseo.
-Ahora mismo le digo a un enfermero que se lo lleve.
Haddock estaba escuchando atentamente. A pesar de que el teniente Bellier y la doctora Kieckiens hablaban en voz baja, él intentaba captar todo lo que decían… y vaya si lo había conseguido. La doctora salió de la habitación y regresó a los pocos minutos con un enfermero. Descorrieron la cortina y se dirigieron hacia él.
-Venga, señor Haddock. Nos vamos a dar una vueltecita.
-Oh, no gracias. Hoy me duele bastante la espalda y no tengo ganas de sentarme en esa silla tan dura.
-Tranquilo, le pondremos un cojincito. Venga, vamos.
-Doctora Kieckiens… hoy no estoy en condiciones de levantarme. Dígale a este mastuerzo de laboratorio que se vaya, por favor.
El enfermero intentó cogerlo y levantarlo. El capitán Haddock empezó a gritar, como si el peor de los males se hubiese apoderado de él.
-Aaaaaaaaaaaaay, me duele mucho la espalda… No me mueva, no me mueva… ¡Aaaaaaaaaay!
-Pero…
-Doctora, no… ¡Aaaaaaaaay! ¡Mil millones de miles de millones de rayos, truenos y centellas!
El enfermero lo volvió a dejar en la cama. La doctora se acercó y le palpó la barriga al capitán, que se agitaba de dolor.
-No creo que sea conveniente mover al señor Haddock. Enfermero, traiga un calmante para el dolor.
El teniente Bellier respiró hondo y tuvo que ceder finalmente, cosa que no hubiera hecho si hubiese visto la cara de satisfacción que puso el capitán Haddock cuando le oyó decir aquello.
-Está bien, está bien… corramos la cortina.
La doctora Kieckiens salió de la habitación y dejó allí solo al teniente Bellier, quien se dirigió a la cama del señor Roi y se sentó a su lado. Sus palabras sonaban casi como un susurro.
-Señor Roi, voy a hacerle unas preguntas. Para contestar sólo debe levantar el pulgar de su mano izquierda si la respuesta es afirmativa o bajarlo si es negativa ¿Comprende?
Respondió con el dedo pulgar hacia arriba.
-Veamos. ¿Es usted el señor Pierre Roi?
Puso el pulgar hacia abajo.
-Correcto, pero a partir de ahora ésta es su nueva identidad, ¿entendido?
Puso el pulgar hacia arriba.
-Bien, sigamos… ¿sabe usted dónde se encuentra?
Pulgar arriba.
-¿Sabe usted por qué le han propinado la paliza que le ha traído hasta aquí?
Pulgar arriba.
-¿Sabe usted quién le propinó la paliza?
Pulgar abajo.
-¿Pudo ver a la persona…?
Pulgar abajo.
-¿No sería usted capaz de identificar…?
Pulgar abajo.
-Por lo menos podrá testificar contra la persona que ordenó su apalizamiento…
Pulgar arriba.
-¿Podría testificar ante un juez quién es el culpable de su estado?
El pulgar se fue de nuevo arriba. A continuación señaló al teniente Bellier con su dedo índice.
-¡¿Yo?!
El pulgar volvió a estar hacia arriba. Desde el otro lado de la cortina el capitán Haddock sólo escuchaba las preguntas, pero esto le bastó para comprender que Pierre Roi, o como quiera que se llamase, no era la simple víctima de un accidente. Pero de la última pregunta también escuchó la reacción del teniente Bellier… y se sorprendió tanto que dejó caer el vaso de agua al suelo, con el consiguiente estrépito al estallar el cristal. El teniente descorrió la cortina y vio a Haddock cariacontecido. Ambos cruzaron sus miradas durante unos segundos.
Última edición por zafiret el 08 Abr 2012, 18:51, editado 1 vez en total.
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Re: Otra historieta apócrifa

Mensaje por Bigtwin1000 » 08 Abr 2012, 16:06

leyendo_:

Me encanta el relato... me tiene intrigado bien_:


Sería bueno ir buscando posibles titulos para poder encontrar tambien posibles portadas acordes al relato y al titulo... :mrgreen:



bien_:

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Re: Otra historieta apócrifa

Mensaje por zafiret » 09 Abr 2012, 08:53

El capitán Estévez se encontraba completamente recuperado. Había pasado la noche y la mañana con un tremendo dolor de cabeza, pero por la tarde ya se encontraba en condiciones de continuar con la travesía. Según les había contado a Tintín y al inspector Miranda alguien había entrado en su cabina sin que él se diera cuenta y le había golpeado con algún objeto contundente. No recordaba más porque había perdido el conocimiento. El oficial radioelectrónico había intentado reparar la emisora de radio, pero sus esfuerzos no habían servido para nada. Estaban incomunicados y a mitad camino de Messina.
El sub-inspector Moreno no había aparecido, era como si se hubiese esfumado. No obstante, para no crear una situación de pánico entre los pasajeros, los hechos acontecidos durante esa noche no se hicieron extensivos a nadie, ni siquiera al resto de la tripulación. El retraso que iba a sufrir por la indisposición del capitán fue camuflado como un fallo logístico del itinerario.
El contramastre Jan Karaboud era un joven español cuyos padres, de origen Syldavo, habían llegado a Valencia a bordo de un carguero albano y se habían establecido allí. Tras comprobar su identidad y descartar que tuviese nada que ver con Rastapopoulos, se le puso al corriente de toda la operación y del despliegue de vigilancia que se había montado. Desde entonces iba a ser el encargado de controlar a la tripulación, la sala de máquinas y el almacén. Los agentes Povo y Povedilla pasaron a formar el turno de noche.
Todo transcurrió con normalidad durante el resto del día. Pero la mañana siguiente trajo otra sorpresa inesperada: Rastapopopulos fue visto en la tercera cubierta por los agentes Hernández y Fernández. Le habían localizado sentado en una mesa, fumándose un cigarrillo mientras leía una revista. Se acercaron a él y se situaron en una ubicación desde la que les era fácil vigilarlo. Mientras Fernández fue a avisar al resto de compañeros Hernández se quedó para controlar sus movimientos. Pero cuando Tintín llegó allí, el agente Hernández ya no estaba. Pero encontró un trozo de hoja arrancado de revista una revista con un mensaje escrito: “Y ya van dos”. En el suelo había unas cuantas gotitas de sangre.
Fernández llegó junto con el inspector Miranda. Ambos se quedaron de piedra cuando vieron el mensaje que les habían dejado.
-Oh, no. ¿Cómo puede ser? Hace apenas quince minutos que dejé aquí a mi compañero y…
-Está claro… Ellos nos tienen tan vigilados a nosotros como nosotros a ellos.
-O más…
-¿Qué quiere decir con eso, Tintín?
-Pues que nosotros ni siquiera sabemos dónde está nuestro objetivo y ellos nos tienen a nosotros totalmente controlados. Tenía razón el capitán Haddock, nos hemos metido en la boca del lobo.
-¿Y qué vamos a hacer ahora, Tintín?
-Yo aún diría más, ¿ahora qué diantres vamos a hacer?
-Vamos a esperar a llegar a Messina. Cuando estemos allí atracaremos el barco a pocas millas de la costa y pediremos refuerzos. Mientras tanto buscaremos al sub-inspector Moreno y al agente Hernández. Nadie abandonará el barco.
-Ordenaré a mis agentes que efectúen la búsqueda siempre en parejas para evitar que haya más bajas. Vamos a registrar cada camarote, cada suite, cada almacén, las cocinas, los portaequipajes… quiero que no quede un palmo de barco sin revisar. Ellos están aquí, aquí tienen a nuestros compañeros y de aquí sólo saldrán con las manos esposadas o los pies por delante.
El inspector Paco Miranda y el agente Fernández fueron a avisar al resto del grupo. Mientras, Tintín decidió bajar a su camarote para coger su arma. Entró en el ascensor y pulsó el botón -6. Mientras bajaba pensativo dejó su mirada enganchada en las lucecitas que marcaban los pisos por los que iba pasando hasta llegar al suyo. Entró en su camarote, donde Milú le esperaba ansioso por salir a pasear. Cogió el revólver y juntos volvieron al ascensor. Pulso el 2 para ir a la segunda cubierta. De nuevo dejó la mirada perdida en las lucecitas del ascensor. Cuando llegaron arriba se encontraron con que la cubierta estaba repleta de gente a causa de lo que parecía una fiesta con actuación en directo. Casi era imposible moverse, por lo que Tintín decidió bajar a la primera cubierta. Aquella, mucho más tranquila, le proporcionó un sitio solitario para pensar en todo lo que les estaba pasando.
Recostado en una cómoda hamaca se quedó con la mirada perdida en algún punto del extenso Mediterráneo, relajado, pensando. Intentaba recordar alguna cosa que hubiera pasado desapercibida en su momento pero que pudiera ser importante ahora. Cerró los ojos y empezaron a venirle a la cabeza multitud de imágenes, pero ninguna le daba ninguna pista sobre Rastapopoulos ni sobre los agentes desaparecidos. Finalmente se durmió. Pero sólo fueron unos pocos minutos. De repente se levantó de un salto.
-¡Mecachis!... creo que… Vamos Milú, necesito comprobar algo y después quiero reunirme con el contramaestre Karaboud.
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Re: Otra historieta apócrifa

Mensaje por Ashley » 09 Abr 2012, 17:22

¡Quiero un titulo! leyendo_: vamos ideas! ¿que tal :Tras la sombra del mal? jeje tintín_
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Re: Otra historieta apócrifa

Mensaje por Silencio Dugut » 09 Abr 2012, 20:10

Ja ja menuda paranoia... shocked_: me estoy leyendo la primera entrega. Sigue así que ya me engancho :mrgreen:

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Re: Otra historieta apócrifa

Mensaje por Tornasola » 09 Abr 2012, 21:35

Se ve que conoces bien a la agente Paloma: salas de ocio y comedores. amigos_ Y además comparte camarote con el macizo agente Lucas facepalm:_ . Eso es un crucero de los buenos, ...Así no me extraña que se le escape Rastapopoulos rasta_

saludo_

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Re: Otra historieta apócrifa

Mensaje por zafiret » 09 Abr 2012, 21:55

Al igual que hicimos con "Contrabando de lujo" podemos ir aportando posibles títulos.
De momento tenemos:

-Tras la sombra del mal.

Un saludo. bien_:
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Re: Otra historieta apócrifa

Mensaje por pedrorey » 10 Abr 2012, 08:39

Lo de Pierre Roi me ha llegado al alma...

GRACIAS!!!!!!
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Re: Otra historieta apócrifa

Mensaje por zafiret » 10 Abr 2012, 08:43

Sentados en el suelo, espalda contra espalda, atados de pies y manos, con una enorme tira de cinta adhesiva que los sujetaba el uno contra el otro a la altura del pecho manteniéndoles los brazos en la espalda. La situación era muy incómoda, agravada más si cabe por el hecho de que uno de los dos estaba inconsciente y tenía sus piernas atadas a un radiador que había sujeto en la pared.
-Eh, despierte. Agente, ¿puede oírme?
-Oh… mi cabeza… ¿qué ha… pasado?
-Agente… agente…
-Her… Hernández, agente Hernández.
-Soy el sub-inspector Mariano Moreno.
-¿Dónde estamos? ¿Cómo hemos… venido a… parar aquí?
-Nos tienen secuestrados. A mí me tendieron una trampa y caí en ella. Apareció Rastapopoulos y lo seguí hasta la tercera cubierta. Estando allí busqué una buena ubicación para vigilarlo y… lo siguiente que recuerdo es estar aquí, atado de pies y manos.
-A nosotros nos pasó… ¡ufff!... nos pasó lo mismo. Vimos a Rastapopoulos y lo seguimos. Mi compañero fue… a avisar al resto del equipo y… bueno, lo siguiente se lo puede imaginar. ¿Dónde estamos?
-Estamos en un camarote. Y es curioso que estemos secuestrados pero no amordazados, pero por más que he gritado no ha respondido nadie.
-Este no es un camarote nor… normal. ¿Se ha fijado en la… moqueta? Es diferente… a la del resto del barco.
-Sí, ya me había fijado. Y desde mi posición puedo ver también el pequeño baño. ¿Se acuerda que en nuestros camarotes está pintado en la pared de los aseos el nombre del barco?
-Sí, “J.J. Gran”… en letras azules y con los rebordes dorados... ¡qué dolor de cabeza!…
-Pues aquí hay otro nombre. No puedo leer más que las últimas letras… avel… o ravel.
-Ravel es una población francesa…
-Extraño nombre para un barco, ¿no cree, agente?
-Lo que está claro es que ya no estamos en el “J.J. Gran”.
-Pues yo no lo tengo tan claro. Fíjese que si la decoración, la moqueta y el nombre de la pared fuesen los mismos podríamos decir que sí lo estamos.
-¿Qué pretende insinuar, sub-inspector?
-No lo sé, pero noto algo extraño en toda esta situación. ¿Por qué no nos han tirado simplemente por la borda? ¿Por qué se habrían tomado la molestia de cambiarnos de barco? Es absurdo, ¿no cree?
-¡Ufff!... Lo único que creo es que necesito un analgésico. Y aún diría más, necesito un tubo entero de analgésicos para calmar este dolor de cabeza.
-Tenemos que intentar hacer un esfuerzo para ver si podemos soltarnos.
Ambos empezaron a hacer fuerza con las piernas, apoyándose uno en la espalda del otro para intentar levantarse. Costaba mucho, muchísimo, estaban tan atados que la más mínima vacilación les hacía caer de nuevo al suelo. En uno de los intentos cayeron de lado y el agente Hernández se golpeó la cabeza contra el suelo.
-¡Aaaaay!
-Intente mantener la calma, agente. Van a descubrirnos
-¡Aaaaugh! Me duele… mucho la… cabeza…
-Respire hondo, esperaremos unos minutos a que se recupere.
A los pocos segundos escuchó la voz de agente Hernández.
-Deluxe… Travel.
-¿Cómo dice?
-Sub-inspector, el nombre del barco… no es Ravel sino Deluxe Travel… ahora puedo ver todo el nombre… completo.
-Deluxe Travel… podía ser cualquier barco de lujo del mundo.
-Yo todavía diría más, cualquier barco del mundo de lujo… como el “J.J. Gran”. ¿Qué posibilidad real puede haber de que nos saquen de un barco de lujo para pasarnos a otro barco también de lujo?
-Casi ninguna... Debemos estar aún en el “J.J. Gran”, pero… ¿adónde?
-Venga, volvamos a intentarlo antes de que vengan.
Con mucho esfuerzo consiguieron por fin ponerse en pie. Empezaron a tirar de la vez del radiador, que empezó lentamente a moverse hasta que terminó soltándose, haciéndolos caer de bruces al suelo. Empezó a manar un chorro de agua considerable, que fue perdiendo su ímpetu conforme se iba vaciando el circuito.
-¿Está usted bien, agente?
-Estoy mojado, pero he estado peor… no se preocupe. Venga, volvamos a levantarnos.
Volvieron a ponerse espalda con espalda y se levantaron de nuevo. Con pequeños saltos fueron arrimándose a la puerta del baño, donde esperaban que el canto del marco metálico les ayudara a soltarse. Y tenían que ser rápidos, pues esperaban la entrada de alguno de sus captores de un momento a otro. Mientras intentaban cortar las tiras adhesivas, el agente Hernández descubrió algo más sobre el nombre el barco.
-Mire, sub-inspector Moreno. El nombre del barco… “Cosmos Deluxe Travel”.
-Cosmos Deluxe… ¡Bien! He conseguido cortar la cinta adhesiva. Ahora tenemos que buscar algo más cortante para quitarnos las ligaduras de las manos.
En ese momento oyeron pasos en el pasillo. El agente Hernández fue dando saltos hasta colocarse justo detrás de la puerta de entrada. El sub-inspector Moreno intentó esconderse también pero tropezó y cayó boca abajo en el centro del camarote. Finalmente la pesada puerta metálica se abrió y alguien se quedó de pie justo en el umbral.
-Vaya, vaya… ¿qué tenemos aquí? El policía regordete intentando escapar… Avisaré al jefe para que le convenza de que eso no se debe hacer.
Antes de que el delincuente pudiera reaccionar recibió un tremendo portazo en la cara, propiciado por el tremendo empujón que le dio el agente Hernández a la puerta, y cayó en medio del pasillo totalmente inconsciente.
-Arriba, sub-inspector Moreno. Tenemos vía libre para salir pero necesitamos desatarnos.
El marco de la puerta del camarote sí que era cortante. Allí se libraron de las ligaduras de las manos y el resto fue pan comido. Después cogieron al delincuente, le quitaron un revólver que tenía oculto en una de sus botas y lo ataron con las mismas cuerdas que antes llevaban ellos. Lo metieron dentro del baño y usaron la cinta adhesiva para encadenarlo a la taza del retrete. Finalmente le taparon la boca para que no pudiera dar la señal de alarma.
-Venga, vamos. No tenemos tiempo que perder.
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Re: Otra historieta apócrifa

Mensaje por MilRayos » 11 Abr 2012, 10:45

Me incorporo hoy a trabajar y me encuentro con esto. Así no voy a sacar el país adelante :mrgreen:
¡Genial, Zafiret! adorar_

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Re: Otra historieta apócrifa

Mensaje por zafiret » 11 Abr 2012, 11:48

El capitán Haddock estaba sentado en su silla de ruedas, esperando a que la doctora Kieckiens llegara a su despacho. Se abrió la puerta pero no era la doctora, era el Teniente Bellier.
-Buenos días, capitán.
-Buenos días, teniente Bellier.
-Le he hecho venir aquí porque quería aclararle ciertas cosas sobre lo que pasó ayer en su habitación.
-No es necesario, teniente. Yo no vi ni oí nada.
-Insisto, capitán. Creo que se merece una explicación. Para empezar le diré que el señor Pierre Roi es un testigo esencial en un importante caso en el que estoy trabajando. Por una casualidad ha ido a parar a su habitación, pero usted no debe preocuparse por nada porque él está constantemente protegido por la policía.
-Ya, ya… me imaginaba que no era una simple víctima de un accidente. Pero entonces…
-Sí, ayer le pregunté quién era el responsable de su estado y me acusó a mí. No sé por qué actuó así… posiblemente tenga miedo de que vuelvan a por él, cosa poco probable siendo que nadie sabe que está ingresado en este hospital… ni en ningún otro.
-Vuelvo a repetirle que no es necesario que me cuente todo esto. Mire, mi estado de salud es… diríamos… delicadillo. Lo último que tengo ganas de hacer ahora es meterme en líos. Yo quiero irme a mi castillo, donde podré disfrutar de mi intimidad…
-Celebro que haya entendido las circunstancias especiales que rodean a su compañero. En adelante haremos lo posible para que usted no esté presente cuando tengamos que interrogar al señor Roi.
-Muchas gracias, teniente. Ahora, si me lo permite, me gustaría descansar en mi celda.
Un enfermero llevó al capitán Haddock a su habitación. Néstor le ayudó a acostarse y después bajó al restaurante a cenar. Descansando en su cama estaba el señor Roi.
-Señor Roi… chsssst, señor Roi, ¿está despierto? No me oye… normal, con este maldito cachibache puesto…
Se quitó la mascarilla de oxígeno para poder hablar con claridad y que su compañero pudiese oírle bien.
-Señor Roi, ¿me oye ahora?
El dedo pulgar de su mano izquierda se levantó en señal de afirmación.
-¿Cómo se encuentra hoy?
Pulgar arriba.
-Me alegro. Tendrá ganas ya de poder sentarse, ¿eh?
Pulgar arriba.
-Qué… esto… menudo accidente que debió tener. Casi se queda en el sitio, ¿no?
Pulgar abajo.
-Qué quiere decir, ¿que no estuvo a punto de morir? Pero si casi no le queda un hueso sano…
Pulgar abajo.
-Ah, que no es eso… entonces, ¿no fue un accidente?
Pulgar arriba.
-No fue un accidente… entonces…
El señor Roi puso el pulgar en posición horizontal e hizo un movimiento de parte a parte del cuello. Era el signo de “cortar el cuello”.
-¿Muerte? ¿Asesinato? Un intento de asesinato…
Pulgar arriba.
-¿Han intentado… matarle?
Pulgar arriba.
-Por eso el… el teniente Bellier…
El señor Pierre Roi levantó la mano para que el capitán dejara de hablar. Entonces empezó a hacer el signo de negación con el dedo índice.
-¿No? No qué… No quiere hablar del teniente… Bellier.
De nuevo un signo de negación, acompañado de un signo de “cortar el cuello” y señalándose después a sí mismo.
-¿Teme usted que… le hagan algo si habla… con el teniente Bellier?
La mano del señor Roi empezó a temblar.
-El teniente… Bellier intentó…
Pulgar arriba.
-Vaya, que… interesante… Es una… acu…sa…ción muy… muy… ¡augh!
El capitán se desvaneció en la cama, empapado en sudor. Néstor tardó casi media hora en volver a la habitación y avisar a los médicos.
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Re: Otra historieta apócrifa

Mensaje por Silencio Dugut » 13 Abr 2012, 18:22

¿Pero hay otro que va antes que este? wowo lo tengo que leer. Gracias de todas formas amigo. Haber si encontráis un posible titulo para esta obra trato_:

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Re: Otra historieta apócrifa

Mensaje por zafiret » 13 Abr 2012, 19:06

El “Gran Salón Tenor Alonso”, situado en la planta -3, era el escenario de actuaciones musicales en directo y bailes de salón. En estos momentos estaba cerrado al público. El contramaestre Jan Karaboud se detuvo ante la puerta, y tras comprobar que nadie le había seguido, abrió con la llave y entró con unos rollos de papel debajo del brazo. Tintín, Milú, el capitán Francisco Estévez, el agente Fernández y el inspector Paco Miranda le esperaban sentados alrededor de una gran mesa redonda sobre la que había multitud de papeles.
-¿Lo tiene, contramaestre?
-Sí, capitán. Aquí están todos los datos del “J.J. Gran”, los planos actuales y los originales… todo lo que había en el archivo.
-Perfecto. Tintín, su turno. Explíquese.
-Está bien. Mañana llegaremos a Messina. La travesía normal hubiese durado siete días pero junto con los dos días de retraso que llevamos acumulado, debido al percance que sufrió el capitán Estévez, llevamos ¡nueve días!… nueve días en los que no hemos sido capaces de encontrar ninguna pista, ni un solo rastro de Rastapopoulos. Y cuando hemos dado con él ha sido porque él nos ha encontrado a nosotros… para provocarnos y arrebatarnos a dos de nuestros hombres… Yo tenía el convencimiento de que él estaba escondido en algún lugar del barco, pero no en cualquier lugar. Sinceramente, no le veo viajando entre maletas o metido en algún falso fondo de algún armario… Y este convencimiento me llevó a pensar en que tenía que tener montado algo grande, muy grande… tan grande que hasta se nos pudiese pasar por alto.
-No sé lo que nos quiere decir, Tintín. Tendrá que explicarse mejor.
-Fíjense en estos mapas, que son los que hay colgados en todas las plantas para orientar al pasajero.
Todos se acercaron a la mesa para ver el mapa que Tintín les estaba mostrando.
-Vean. Este barco tiene cinco ascensores. Los tres centrales son idénticos, desde la planta 0 hasta la planta -6. Son los que utilizan normalmente todos los pasajeros para acceder a la primera cubierta. Los otros dos ascensores son diferentes. El ascensor nº 5 tiene un recorrido mayor puesto que baja al almacén y a la sala de máquinas, de la planta 0 a la planta -8, aunque el acceso a estos últimos está restringido mediante llave. Por su parte el ascensor nº 1 tiene el recorrido más corto porque une exclusivamente las tres cubiertas y las tres salas de ocio internamente. Al final del salón pueden ver la puerta del ascensor.
-¿Adónde quiere llegar, Tintín?
-Paciencia, inspector Miranda. Déjele que se explique.
-Gracias, agente Fernández. Como iba diciendo, me llamó la atención el hecho de que nuestros dos compañeros fuesen raptados en la tercera cubierta… y cuando intenté encontrarle la lógica a este extremo… ¡zas!, lo vi claro.
-Pero, ¿nos puedes decir de una vez qué es lo que vio tan claro?
-Miren, mi camarote está en la planta -6. En los ascensores se enciende una lucecita por cada planta que recorren. Como todos las plantas son igual de anchas, la frecuencia de las lucecitas son totalmente cíclicas… o deberían serlo. He comprobado que entre la planta -1 y la planta -2 la lucecita permanece encendida casi el doble de tiempo que entre las demás plantas. En un principio no le presté demasiada atención pero… Contramaestre, tráigame el mapa actual del barco.
El contramaestre Jan Karaboud sacó de dentro de un tubo metálico un enorme parel enrollado que extendió sobre la mesa. Escrito con unas enormes letras caligrafiadas podía leerse el nombre del barco ““J.J. Gran”” justo encima del plano en alzada del mismo.
-Fíjense, caballeros. El ascensor nº 1 recorre las tres cubiertas y los tres salones para espectáculos mientras que el ascensor nº 5 recorre desde el nivel 0 hasta la sala de máquinas, 9 pisos. Hasta aquí todo correcto, pero… Por favor contramaestre, saque el plano original del barco.
El contramaestre sacó de dentro de otro tubo un enorme papel enrollado mucho más viejo que el anterior y se lo dio a Tintín, quien lo desenrolló y le echó un vistazo.
-Tal y como me imaginaba… Aquí tenemos los planos originales del barco, que no siempre se llamó “J.J. Gran”.
Estiró el plano sobre la mesa. El nombre del barco era “Cosmos Deluxe Travel”. El plano de la alzada del barco era aparentemente igual que el anterior que les habían enseñado.
-Muy bien, Tintín. Ha descubierto que le cambiaron el nombre al barco. Pero, ¿para qué nos sirve eso?
-Inspector Miranda, fíjese bien en los planos.
Todos miraron detenidamente el viejo plano del barco y…
-Pero, ¿cómo puede ser?
-Esto es increíble. Y todavía diría más, esto es total y definitivamente increíble.
Los dos barcos eran prácticamente iguales, salvo en el número de plantas. El “J.J. Gran” tenía 9 plantas por las 10 plantas del “Cosmos Deluxe Travel”.
-Justamente debajo de dónde nos encontramos ahora mismo hay otra planta, una cuarta planta exactamente igual que ésta en la que estamos, con un cuarto salón de ocio y con el mismo número exacto de camarotes. La manera más rápida y sencilla de acceder a ella es a través del ascensor nº 1.
-Y desde la tercera cubierta, en la que desaparecieron el sub-inspector Moreno y el agente Hernández, tenían también un rápido acceso a esa planta fantasma.
-Como les dije antes, Rastapopoulos tenía preparado algo muy grande. ¿Para qué iba a conformarse con esconderse en un camarote o en una suite pudiendo tener a su disposición ¡una planta completa!?
-Disculpe… aquí acabo de encontrar algo que les va a interesar.
El contramaestre Karaboud le entregó a Tintín el cuaderno técnico del barco.
-Me lo imaginaba. Una pregunta, capitán Estévez. ¿Desde cuándo gobiernan usted y su tripulación este barco?
-Bueno, en realidad somos la tripulación de otro barco muy similar a este llamado “Ciudad de Barcelona”, que incomprensiblemente se averió al llegar al puerto de Valencia. Nos asignaron el J.J. Gran para realizar esta travesía, pero es la primera vez que lo...pero, ¿cómo ha sabido usted eso?
-El armador del “Cosmos Deluxe Travel” es Roberto Rastapopoulos, millonario director de la célebre “Cosmos Pictures”… y nuestro único objetivo.
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Re: Otra historieta apócrifa

Mensaje por zafiret » 15 Abr 2012, 10:08

Hola.
Aunque no me gusta hacer "doble post" os voy a enseñar la portada que he hecho para la historia. El magnífico dibujo es de Ashley, que además va a hacer unos cuantos más para insertarlos. Espero que os guste.

Imagen

Un saludo. bien_:
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Ashley
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Re: Otra historieta apócrifa

Mensaje por Ashley » 16 Abr 2012, 16:02

Estupendo como ha quedado! bien_: . Falta el titulo....
¡Venga, venga que estoy haciendo más dibujos!
Imagen

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