"Objetivo: Rastapopoulos" by Zafiret

¿Quieres hablar de algo que no tiene lugar en el resto de foros de Tintin? Aquí puedes.

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Re: Otra historieta apócrifa

Mensaje por zafiret » 16 Abr 2012, 21:33

-¡Néstor! Por todos los piratas que navegan por los siete mares… Deja de culparte, si no llega a ser por ti…
-Disculpe, mi señor. Por mi culpa ha estado a punto de… de…
-… de nada, Néstor, de nada. Ya has oído a los doctores, una falta de oxígeno… Me quité la mascarilla para charlar con el señor Roi y me descuidé.
-Venga, vaya a comer algo… estaré bien.
A regañadientes consintió Néstor irse a comer. Haddock dejó caer la cabeza en la almohada y cerró los ojos. Al poco rato oyó como se abría la puerta de la habitación y alguien corría la pesada cortina. Dos voces cuchicheaban en el lado del señor Roi, dos voces que el capitán Haddock conocía pero que no recordaban de quien eran, una de mujer y otra de hombre. Estuvieron allí unos minutos, bastantes… no le dejaban dormir y era tan inevitable como difícil intentar oír lo que decían.
-… fuera del caso… ratones en la jaula… llegada al puerto de la hoz… acabar con él… inmunidad política… nuevo rostro del crimen…
De repente se abrió la puerta de la habitación.
-Buenas tardes, doctora Kieckiens.
-Buenas tardes, teniente Bellier. ¿Qué desea?
-Venía a hablar con el señor Haddock.
-Oh… sí, claro… pase, pase…
Cuando la doctora habló en voz alta el capitán la reconoció como la misteriosa voz femenina que susurraba. El teniente Bellier descorrió la pesada cortina. Haddock esperaba encontrar allí al otro misterioso personaje con el que cuchicheaba la doctora… pero allí no había nadie más.
-Capitán Haddock, ¿puedo robarle un minuto?
-Eeeeeh… sí, claro…
-¿Le pasa algo? Parece como si hubiese visto un fantasma.
-No, yo… Juraría que había alguien más en la habitación.
El teniente Bellier se giró mirando en todas direcciones. Sus ojos se clavaron en los de la doctora Kieckiens, quien le hizo un gesto de negación con la cabeza.
-Pues no parece…
-¡Rayos y truenos! Estoy seguro. Le digo que aquí había alguien más hablando con la doctora… y diciendo unas cosas muy raras sobre un caso, nosequé puerto de la hoz y unos ratones enjaulados…
-Disculpe, teniente. Esta mañana, mientras estábamos examinando al señor Roi, ha entrado un enfermero para hacerme una pregunta sobre el caso de amputación de un dedo sobre el que estamos experimentando una nueva técnica de mantenimiento de la falange en ratones enjaulados…
El señor Roi asistía atónito a todo lo que estaba pasando allí.
-No, teniente… Ahora mismo, antes de que usted entrar, había aquí otra persona hablando con la doctora Kieckiens, un hombre…
-Capitán, el único hombre que hay aquí junto con la doctora es el señor Pierre Roi… como no haya recuperado la voz milagrosamente…
La doctora Kieckiens le hizo un gesto con la cabeza al inspector Bellier para que saliera al pasillo.
-Teniente Bellier, el estado del señor Haddock está empeorando de una manera alarmante. En las últimas pruebas que le realizamos pudimos comprobar que su enfermedad se está propagando por su espalda hacia su cabeza… Posiblemente esté empezando a sufrir alucinaciones y a creer que son reales cosas que sólo pasan en su mente.
-Oh, Dios mío. Pobre Haddock…
Mientras tanto, dentro de la habitación el capitán intentaba hablar con el señor Roi.
-Señor Roi, aquí había alguien más con la doctora Kieckiens, ¿verdad?
Pulgar hacia abajo.
-¡¿Cómo que no?! Yo les he oído hablar desde aquí, así que usted los debe de…
Pulgar abajo.
-Claro… ¡Rayos y truenos! ¿Cómo no había caído? Es usted quien hablaba con la doctora Kieckiens… ¿verdad? Venga, conteste, ¡conteste!
En ese instante entraron la doctora y el teniente Bellier.
-¡Conteste! Pedazo de… ectoplasma… bebe-sin-sed… ¡¡¡Conteste!!! ¡Sé que… puede hablar!
-Teniente… rápido, llame al enfermero y dígale que traiga el maletín de los calmantes.
El teniente Bellier salió corriendo en busca del enfermero. Cuando cerró la puerta la doctora Kieckiens miró al señor Roi.
-Tranquilo, voy a sedarle…
-Este imbécil ha estado a punto de echarlo todo a perder.
El capitán Haddock se quedó de piedra. Ahora sí que parecía haber visto un fantasma.
-Esa voz… ¡¡¡Tú!!! Eres tú. ¡Mil millones… de cientos de miles de… millones de naufragios!
-Acuéstese, señor Roi, el teniente Bellier puede volver en cualquier momento.
-Germaine, no lo mates… aún.
-¡Eres tú! Has sido tú siempre… ¡¡Teniente!!
El enfermero llegó con el maletín. La doctora Kieckiens cogió un frasco de cristal, rellenó una jeringuilla y le suministró el calmante al capitán Haddock. En breves segundo empezó a hacer efecto.
-Gracias. Puede llevarse el maletín.
-Afuera están esperando…
-Dígale que puede pasar.
El teniente Bellier entró y se acercó al capitán Haddock, que estaba despierto pero con la mirada perdida…
-Capitán, ¿se encuentra mejor?
-Me temo que no podrá contestarle ahora. Está sedado y no le oye.
-Capitán…
La puerta de la habitación se abrió y un enfermero reclamó la ayuda de la doctora Kieckiens. El teniente Bellier se sentó en un sillón cerca de la cama, donde normalmente se sentaba Néstor. De repente notó como la mano del capitán le cogía su antebrazo y, con la mirada perdida en la nada, le susurro unas palabras.
-… mentiroso Roi… Kih-Oskh… puerto… de la hoz… como ratas…
Y cerró los ojos. El teniente Bellier estuvo allí unos minutos, pero cuando volvió Néstor él abandonó la habitación.
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Re: Otra historieta apócrifa

Mensaje por vicrogo » 16 Abr 2012, 22:38

¡La historia va fenomenal! :mrgreen:

A modo de pequeño homenaje, incluyo una viñeta con una escena reciente de esta historia, ¿la localizáis? Espero que guste, y que más gente se anime a ilustrar cualquier escena de la historia, ¿lo haréis?

Muchas gracias, Zafiret, por tu gran trabajo.

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Re: Otra historieta apócrifa

Mensaje por zafiret » 17 Abr 2012, 09:12

Eran las cinco de la mañana. El teniente Bellier estaba en su mesa de la comisaría. Hacía días que no tenía noticias de Tintín por radio y eso le preocupaba. Y no paraba de darle vueltas al estado en el que se encontraba el capitán Haddock, casi irreconocible sin su barba, sin su pelo y con la excesiva delgadez que presentaba. Tampoco podía borrar las últimas palabras que le había susurrado. La doctora Kieckiens ya le había avisado de que su estado le podía hacer delirar, pero esas últimas palabras no le habían parecido un delirio sino una súplica.
-Mentiroso Roi… Kih-Oskh… puerto de la hoz… como ratas… Parece que sabía que el señor Pierre Roi era otra persona… Kih-Oskh… esto me suena de algo pero… Puerto de la hoz… Ratas… Será mejor olvidarse de todo esto y centrarme en localizar a Tintín. Salió de Valencia con destino a… Messina. Y luego iban directamente a Atenas…
Cogió un montón de papeles que tenía sobre la mesa y comenzó a buscar la información de ruta y los horarios.
-Veamos, según la ruta deberían haber salido hoy mismo hacia Atenas. Hablaré con el puerto de Messina para ver si Tintín les dejó algún mensaje para mí.
Llamó por teléfono al puerto para hablar con el encargado aduanero del mismo.
-Puerto de Zancle, Rafael Wilhelmi al habla.
-Buenos días, señor Wilhelmi. Soy el teniente de policía Bellier y le llamo desde Bruselas. Quería saber si del barco "J.J. Gran" le habían dejado algún mensaje para mí.
-Disculpe, señor Bellier. El “J.J. Gran” lleva dos días de retraso en su itinerario. Desde el propio barco, vía radio, nos informó su capitán que iban a detenerse para solucionar una avería mecánica. Esa ha sido la última noticia que hemos tenido, porque intentamos volver a comunicarnos con ellos pero no lo hemos conseguido. Esperamos que llegue al puerto de la hoz mañana.
-Disculpe, señor Wilhelmi, ¿cómo ha dicho que se llama su puerto?
-Puerto de Zancle.
-No, no… antes le ha dado otro nombre.
-Ah, bueno… Puerto de la hoz… es la traducción de Puerto de Zancle. Se llama así por la extraña forma que tiene este puerto natural que…
El teniente Bellier colgó el teléfono. No daba crédito a lo que acababa de decirle el encargado aduanero. Buscó la nota en la que se había apuntado las cosas que le susurró el capitán Haddock.
-Mentiroso Roi… Kih-Oskh… puerto de la hoz… como ratas… Sabe que el señor Roi no existe… nombra el puerto de Messina, por el que debería haber pasado el barco… como ratas… ¡¿como ratas?!... Es una encerrona.
Rebuscó entre sus papeles, buscando el nombre de Kih-Oskh. No tardó en encontrarlo, relacionado con el caso del contrabando de lujo… relacionado directamente con Roberto Rastapopoulos.
-Un momento… antes de que lo sedaran el capitán insistía en que el señor Roi podía hablar… pero la doctora Kieckiens lo atribuía a la pérdida de racionalidad debido a la enfermedad… pero… ¡Oh, Dios mío!...
Cogió el teléfono, llamó a la policía italiana y les alertó sobre el “J.J. Gran”. Debían localizarlo y enviar allí a todos los hombres que tuvieran disponibles. Además, el puerto de Messina también quería que estuviese completamente controlado. Se levantó de la silla, cogió su gabardina y partió raudo hacia el hospital.
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Re: Otra historieta apócrifa

Mensaje por Silencio Dugut » 17 Abr 2012, 14:02

Estupendo el dibujo de Ashely y estupenda también la historia. Muchas gracias y sigue así.

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Re: Otra historieta apócrifa

Mensaje por Ashley » 17 Abr 2012, 21:03

Estupendo el dibujo vicrogo, ni a mi me saldría mejor :mrgreen: no me salen muy bien los Capitanes Haddock.
Que raro se le ve sin barba y sin pelo...
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Re: Otra historieta apócrifa

Mensaje por vicrogo » 17 Abr 2012, 21:11

Muchas gracias, Ashley, ese elogio es muy importante viniendo de ti. Verás, en realidad yo no sé dibujar nada bien, ni al capitán ni a nada, lo que pasa es que hago trampas: me baso en los dibujos de Hergé. Si pones una hoja transparente encima de un dibujo, por ejemplo del Capitán, y dibujas una línea por donde te imaginas que tiene que ir la cabeza (bajo el pelo), y luego calcas todo lo demás, pero sin la barba... pues sale algo parecido a lo mío. Como ves no tiene la gracia de tus dibujos, tú puedes dibujar a Tintín haciendo cualquier cosa: yo no. Tus dibujos son muy personales, a mí me parecen un poco japoneses, por eso mismo son originales y da gusto verlos. Dibujas muy bien. tintín_
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Re: Otra historieta apócrifa

Mensaje por MilRayos » 18 Abr 2012, 07:01

Van muy bien la historia y los dibujos. Yo no sé ni dinujar ni escribir. ¡ Enhorabuena ! tintín_

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Re: Otra historieta apócrifa

Mensaje por zafiret » 18 Abr 2012, 08:09

Tintín y Milú estaban junto a la puerta del ascensor interno del “Gran salón Tenor Alonso”. Allí se habían congregado todos los policías que estaban inmersos en la labor de vigilancia. El capitán Estévez y el contramaestre Karaboud estaban repartiendo a los agentes todo tipo de cuerdas y rollos de cinta adhesiva. Tintín estaba cargando su revólver cuando el sub-inspector Lucas Fernández se le acercó.
-Tintín, debería tener cuidado con ese revólver… el cargador rotativo de este tipo de armas suele encasquillarse cuando se efectúan varios disparos seguidos.
-Gracias, sub-inspector. No pienso disparar si no es estrictamente necesario. No hemos creído conveniente evacuar esta planta y la inferior para que no cunda el pánico, pero debemos ser extremadamente cuidadosos…
-Atención, escúchenme. En la medida de lo posible intentaremos evitar el uso de las armas. Tenemos tres objetivos principales: el primero es capturar a la banda de malhechores, el segundo es encontrar a nuestros dos compañeros… y el tercero es atrapar a Rastapopoulos. Mis hombres se dispondrán de la siguiente manera: agente José Luis Povedilla, vigilancia del acceso por el ascensor nº 1; agente José Luis Povo, vigilancia del acceso por el ascensor nº 5. El sub-inspector Lucas Fernández y la agente Paloma Pérez bajarán conmigo. Tintín…
-Yo también bajaré, junto con el agente Fernández. El capitán Estévez y el contramaestre Karaboud no intervendrán, aunque les dejaremos aquí un par de armas… por si acaso. Milú, tú quédate aquí también, esto puede ser peligroso.
-Muy bien, manos a la obra. Cada uno a sus puestos.
-Tenga, inspector Miranda, la palanca.
Paco Miranda colocó la palanca entre las dos puertas y comenzó a hacer fuerza. Tintín y el agente Povedilla tuvieron que ayudarle. Finalmente consiguieron abrir. Se asomaron al hueco y vieron la puerta del piso inferior.
-Bien, desde aquí podremos bajar deslizándonos por los hilos del ascensor. Inspector Miranda, páseme una linterna, por favor.
El inspector le dio una linterna a Tintín, quien estaba interesado en ver el fondo del hueco.
-Vale. Abajo del todo hay lo que parece ser algo mecánico. Me imagino que será el sistema de seguridad o el freno… Bajemos de uno en uno y con cuidado de no caernos.
El primero en bajar fue Tintín. Tras él fueron el inspector Miranda, el agente Fernández, la agente Paloma Pérez y el sub-inspector Lucas Fernández. Una vez bajo volvieron a colocar la palanca para abrir la puerta.
-Venga… uno, dos y… ¡tres!
El paso quedó libre. Entraron silenciosamente, de uno en uno, al amparo de las sombras y buscando cobijo en cualquier sitio. Estaba muy oscuro y costaba avanzar sin chocar con algún objeto, pero andaban cuidadosamente y pegados a las paredes. Recorrieron todo el salón y comprobaron que allí no había nadie. Tintín llegó a la puerta principal de entrada y encendió la luz. Secuencialmente se fue iluminando todo el espacio, terminando con la espectacular lámpara de cristales de cinco niveles que colgaba en el mismo centro de la sala. Tintín miraba hacia todas partes anonadado. Se notaba que el salón tenía unos cuantos años, pero estaba perfectamente conservado. Los colores de la moqueta y de las paredes eran distintos a los del “J.J. Gran”… parecía que estaban en otro barco diferente. Miró hacia arriba y pudo ver unas enormes letras coronando la puerta principal. Se separó unos pasos para observar lo que ponía: “Grand Lounge Jannis Kounellis”
-Oh, qué belleza. Es una estancia preciosa…
-Yo aún diría más, es una estancia la mar de preciosa…
-Mire, Tintín… ahí, en la pared…
Había un enorme cuadro colgado con el nombre “Cosmos Deluxe Travel” pintado en letras doradas sobre un fondo granate.
-Vamos, no nos entretengamos.
Abrieron la puerta muy lentamente. No venía nadie y salieron al pasillo. La distribución era exactamente igual que la de la planta superior y todo estaba en orden, limpio y perfectamente cuidado. Pasaron silenciosamente por delante de los camarotes y accedieron a un pequeño vestíbulo. A partir de allí ya era todo diferente. Cuatro habitaciones mucho más grandes, del tamaño de tres camarotes, se extendían en el lado derecho del pasillo. En el lado izquierdo empezaron a aparecer unas ventanas cerradas con puertas de cristal y un poco más adelante había una gran puerta. Se asomaron por la primera ventana y vieron que se trataba de un restaurante. Sentados en una mesa había cuatro personas. Parecía que estaban jugando a las cartas o a algún juego de mesa. Tintín y el sub-inspector Lucas Fernández pasaron agachados por debajo de todas la ventanas hasta colocarse junto al marco de la puerta. El inspector Miranda retrocedió unos metros para controlar que no viniese nadie de ningún camarote. La agente Paloma Pérez y el agente Fernández empujaron con sumo cuidado el cristal de las dos primeras ventanas. Cuando consiguieron abrirlas lo suficiente tomaron posiciones e hicieron la señal con el pulgar hacia arriba. Cuando estuvieron todos en sus puestos se dispusieron a pasar al ataque.
-Sub-inspector, voy a contar hasta tres y entraremos en el restaurante con los revólveres en la mano.
-Perfecto, Tintín.
-Allá vamos… uno, dos y… ¡tres!
Ambos entraron enarbolando sus revólveres… pero en la mesa ya no había nadie. Se acercaron con mucho cuidado y se encontraron a las cuatro personas tendidas en el suelo, inconscientes. Se miraron entre sí… no comprendían nada. En ese momento salieron de detrás de otra mesa dos hombres armados y les encañonaron. Eran el agente Hernández y el sub-inspector Moreno.
-Pero… ¿qué ha pasado aquí?
-Hola, sub-inspector Fernández... ¿Qué le parece? Les hemos dejado fuera de combate.
-Yo aún diría más, les hemos dejado completamente fuera de combate. Hola, Tintín.
-Agente Hernández. ¿Cómo se encuentra? Hemos venido a buscarles…
En ese momento entraron al restaurante el inspector Miranda, la agente Pérez y el agente Fernández.
-¡Hernández! ¡¡Hernández!! Creía que no volvería a verte, compañero.
-¡Fernández! ¡¡Fernández!! Compañero, creía que no volvería a verte.
-Sub-inspector Moreno, póngame al corriente de todo lo que ha sucedido aquí abajo. Agente Pérez y sub-inspector Fernández, ocúpense de amordazar y atar a estos cuatro personajes.
Tintín se sentó junto al inspector Miranda para escuchar la sucesión de hechos que los habían llevado a encontrarse allí.
-Verá, inspector. Al agente Hernández y a mí nos tendieron sendas trampas. Apareció Rastapopoulos y le seguimos hasta la segunda cubierta. Cuando creímos que estaba desprotegido nos atacaron a traición y nos hicieron presos. Pero conseguimos escaparnos y fuimos cazando uno a uno a nuestros captores. En concreto hemos cogido a ocho, que con estos cuatro hacen doce. Creemos que aún hay tres o cuatro más, sin contar al pez gordo… Rastapopoulos.
-Buen trabajo, agentes. Ahora vamos a por el resto.
-Estos ya no darán problemas, inspector.
-Perfecto, agente Pérez. Todos dispuestos, vamos a terminar con ellos. Tintín, el momento ha llegado.
Tintín asintió con la cabeza, cogió su arma y se dirigió a la primera habitación especial. El sub-inspector Mariano Moreno le acompañó. Abrieron y empujaron con todas sus fuerzas la pesada puerta. Pero allí no había nada, dentro encontraron lo que parecía un pequeño gimnasio. Volvieron a salir e hicieron la señal con el pulgar hacia abajo al inspector Miranda y al agente Fernández.
-Es nuestro turno, agente…
Abrieron y empujaron la pesada puerta. El agente Miranda accedió rápidamente al interior de la habitación. Sonó un ruido seco, acompañado de la caída al suelo de un peso muerto. Ya tenían a otro delincuente. El agente Fernández le hizo el gesto del pulgar hacia arriba al sub-inspector Lucas Fernández y al agente Hernández.
-Nos toca…
Empujaron la puerta pero no pudieron moverla, estaba bloqueada. Acudió la agente Paloma Pérez para ayudarles… tampoco. Decidieron probar con la última puerta.
-Vengan, es la última… deben estar aquí dentro.
Tintín fue el primero que cogió la pesada rueda y empezó a girarla. El inspector Paco Miranda le ayudó y la puerta comenzó a abrirse. Todos los demás empuñaban sus armas. Cuando la puerta se abrió entraron todos, uno tras otro. Sólo el sub-inspector Moreno se quedó cubriendo la retaguardia. Habían acertado, allí estaba el resto de la banda, cinco personas que no dejaban de mirar una serie de enormes monitores con imágenes de todos los lugares del barco.
-¡Arriba las manos! ¡No se muevan!
-No hagan movimientos bruscos y coloquen sus manos donde podamos verlas.
-Yo todavía diría más… coloquen sus bruscos donde podamos verlos y no hagan movimientos de manos.
No opusieron mucha resistencia. Tintín echó una mirada a la sala en la que se encontraban. Era justo el doble de grande que las dos habitaciones especiales que habían registrado antes, por eso la tercera puerta no se podía abrir, estaba anulada. Buscó a Rastapopoulos y vio un enorme sillón de piel que estaba de espaldas a ellos y del que salía el humo de un cigarro. Tintín se acercó lentamente apuntando con su revólver.
-Arriba las manos, Rastapopoulos. Gire su sillón muy despacio y no haga movimientos raros.
Una suave carcajada comenzó a escucharse proveniente del otro lado del sillón. El inspector Miranda se colocó detrás de Tintín y también apuntó con su arma hacia el sillón.
-Venga, no tiene escapatoria… Levante las manos y dese la vuelta. Todo ha terminado.
-Jajajajajajajaja… demasiado tarde… jajajajajajaja
Tintín se acercó lo bastante como para poder girar el sillón con un pie. Su cara palideció al instante…
-Entonces… Bellier…
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Re: Otra historieta apócrifa

Mensaje por Bigtwin1000 » 18 Abr 2012, 09:14

tintín_

Fantastica... quiero mas aplauso_ aplauso_ aplauso_


bien_:

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Re: Otra historieta apócrifa

Mensaje por Ashley » 18 Abr 2012, 15:51

vicrogo escribió:Muchas gracias, Ashley, ese elogio es muy importante viniendo de ti. Verás, en realidad yo no sé dibujar nada bien, ni al capitán ni a nada, lo que pasa es que hago trampas: me baso en los dibujos de Hergé. Si pones una hoja transparente encima de un dibujo, por ejemplo del Capitán, y dibujas una línea por donde te imaginas que tiene que ir la cabeza (bajo el pelo), y luego calcas todo lo demás, pero sin la barba... pues sale algo parecido a lo mío. Como ves no tiene la gracia de tus dibujos, tú puedes dibujar a Tintín haciendo cualquier cosa: yo no. Tus dibujos son muy personales, a mí me parecen un poco japoneses, por eso mismo son originales y da gusto verlos. Dibujas muy bien. tintín_
Ese truco lo uilicé una vez! jeje. y gracias Vicrogo amigos_
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Re: Otra historieta apócrifa

Mensaje por zafiret » 19 Abr 2012, 08:05

El teniente Bellier llegó al hospital poco más tarde de las 8 de la mañana, con mucha prisa. Subió a la habitación del capitán Haddock y entró sin contemplaciones. Allí sólo encontró dos camas vacías. Dio media vuelta y buscó a algún enfermero.
-Oiga, enfermero… ¿Qué ha pasado en la 611? No hay ningún paciente…
-Hola, agente. El señor Pierre Roi recibió el alta ayer por la tarde y se marchó antes de cenar.
-¿El alta? Eso es imposible…
-No es imposible… la propia doctora Kieckiens la firmó en persona.
-Oh, Dios mío… ¿y su compañero?
-El señor Archibaldo Haddock empeoró alarmantemente justo después de que el señor Roi se fuese. Ahora mismo está en la unidad de cuidados intensivos, debatiéndose entre la vida y la muerte.
-Necesito hacer una llamada.
-Venga conmigo al mostrador, desde allí podrá hacerla.
El teniente Bellier llamó al servicio aduanero del aeropuerto y ordenó la detención inmediata del señor Pierre Roi y de la señorita Germaine Kieckiens.
-…Roi, Pierre Roi, sí… y Germaine Kieckiens… sí, no deben abandonar el país de ninguna de las maneras. Revise todas las listas de pasajeros desde ayer por la mañana hasta ahora mismo. Si no me llama usted a este mismo número le llamaré yo en unos minutos…
Salió del mostrador y fue a la unidad de cuidados intensivos. Allí, desde una ventana, pudo ver al capitán Haddock, totalmente descompuesto e irreconocible, entubado… no pudo seguir mirándolo y se separó de aquella ventana. Desconcertado, salió a la sala de espera y se sentó en un sillón, justo al lado de un desolado Néstor. Se cogió la cabeza con ambas manos y empezó a pensar en el engaño al que Allan Thompson le había sometido... hasta el pobre capitán, en su estado, había sabido ver la trampa a la que estaba siendo empujado… y además no tenía noticias de Tintín ni de Rastapopoulos. Estaba inmerso en todos esos razonamientos cuando un enfermero reclamó su atención.
-¿Teniente Bellier?
-Sí, soy yo…
-Tiene una llamada urgente en el mostrador de la entrada.
Salió corriendo y contestó con cierto temor de que las noticias no fuesen buenas.
-¿Teniente Bellier? Si, le llamo del servicio aduanero del aeropuerto. Tenemos a su hombre. Acababa de embarcar en un avión con destino a Khemed previa escala en El Cairo. Por suerte no había empezado a hacer la maniobra y hemos podido sacarle del avión. Lo tenemos en el retén.
-Perfecto. ¿Y la señorita Germaine Kieckiens?
-No, ella no aparece en ninguna de nuestros registros. Lo siento.
-Vale, da igual. A lo largo de la mañana pasaré a recoger al señor Pierre Roi. Muchas gracias.
Colgó el teléfono y volvió a la sala de espera, con Néstor. Tras unos segundos allí empezó a oírse un tremendo alboroto en la sala de cuidados intensivos. El teniente Bellier se levantó y se acercó a la ventana. Su cara reflejó el rostro del sufrimiento.
-Rápido, ha entrado en paro cardíaco. Reanimación, reanimación… traigan el desfibrilador… ¡rápido, lo estamos perdiendo!... venga, señor Haddock, responda…
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Re: Otra historieta apócrifa

Mensaje por Silencio Dugut » 20 Abr 2012, 18:50

Estupendo, estupendo. Creo que estaría bien que zafiret pusiese toda la historia en
Spoiler:
TEXTO
al principio del tema para los que quieran cogerla y ponerla en un block de notas para leerlo mas tarde no tengan que estar dándole a todas las paginas y ir copiando y pegando poco a poco. Gracias por cierto, estupendo trabajo.

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Re: Otra historieta apócrifa

Mensaje por zafiret » 20 Abr 2012, 20:17

La policía de Messina había llegó al barco y trasladaron a todos los delincuentes a la comisaría. Los hombres de Paco Miranda, tras haber terminado su misión, se disponían a volver a España. Tintín, Milú, Hernández y Fernández iban a quedarse en Messina para terminar de arreglar todos los asuntos legales de la detención. Pero lo primero que hizo Tintín cuando llegó a tierra fue intentar ponerse en contacto con el teniente Bellier. Llamó a la comisaría de Bruselas y allí le dijeron que podría localizarle en el hospital.
Por su parte, el teniente Bellier estaba a punto de salir hacia el aeropuerto para recoger del retén al Pierre Roi. Cuando estaba en la puerta de salida llegó un enfermero para avisarle de la llamada.
-Teniente Bellier, tiene una llamada en recepción.
-¿Una llamada?
-Sí, un tal Tintín que llama desde Italia.
Bellier volvió corriendo a recepción y cogió el teléfono.
-¿Tintín?
-Teniente, soy yo. ¿Tiene al señor Roi controlado?
-Sí… bueno… no está aquí pero lo tengo bajo control.
-¡¿Qué quiere decir que no está ahí?!
-Bueno, escapó del hospital, ayudado por la doctora Kieckiens. Pero lo hemos interceptado cuando intentaba coger un avión. Esa rata de Allan Thompson ha intentado engañarnos…
-No sé quién será ese que ha estado ahí todo el tiempo, pero tenga por seguro que no es Allan Thompson.
-¡¿Cómo?!
-Acabamos de detener a Allan Thompson aquí, en el “J.J. Gran”, junto con toda la banda de Rastapopoulos.
-¿Y Rastapopoulos?
-Ni rastro de él. Milú ha escudriñado todo el barco en su busca pero no ha encontrado ningún rastro.
-¡¡¡¡Oh, Dios mío!!!!... ¡¡No puede ser!!
-¿Qué le sucede?
-Ha estado a punto de volver a hacerlo…
-¿Quién? ¿El qué?
-Rastapopoulos… hemos estado buscándolo sin descanso en ese barco, pero lo teníamos en nuestras narices. Por eso el capitán Haddock se alteró tanto en la habitación… reconoció su voz…
-Pero… ¿de qué…? No pude ser… ¡¡es una locura!!... el señor…
-¡Pierre Roi! Qué mejor manera para llegar a su país que con una identidad que la propia policía le ha creado. Nuevo nombre, nueva vida…
-Pero… pero…
-¡Claro! La doctora Kieckiens decía que no podía hablar… intentó inculparme para que me sacaran del caso… En ningún momento llegamos a verle el rostro porque lo llevaba vendado… tal vez incluso le hayan sometido a alguna operación de cirugía… ¡Oh, Dios mío!
-Bueno, tranquilícese. Dice usted que lo tienen retenido en el aeropuerto, ¿verdad, teniente?
-Sí, ahora mismo parto para allá. Esta vez no se va a escapar.
-Yo estaré esta noche en Bruselas, tengo muchas ganas de ver al capitán Haddock. ¿Puede transferir la llamada a su habitación?
-Tintín, el capitán Haddock está en la unidad de cuidados intensivos. Sufrió un empeoramiento severo de su salud y… en estos momentos se debate entre la vida y la muerte.
-Oh, no… pobre capitán… Salgo volando hacia ahí. Y usted no pierda ni un segundo, vaya a por ése asesino.
El teniente Bellier colocó su sirena en el coche y llegó al aeropuerto un menos de una hora. Estaba nervioso, muy nervioso… lo había tenido en el hospital, acostado en la cama, había hablado con él… y casi se le vuelve a escapar. Se dirigió directamente al retén aduanero.
-Buenas tardes, soy el teniente Belllier. Vengo a por Pierre Roi.
-Sí, un momento. A ver… sí, Pierre Roi… celda 3B.
Entró en el pasillo del retén y buscó la celda 3B que estaba casi al final. Desde lejos vio a Rastapopoulos, sentado en la litera metálica, de espaldas y con las manos en la cabeza. Se colocó de pie, delante de la puerta y permaneció allí unos segundos.
-Buenas tardes, señor Roi. Soy el teniente Bellier. Ha estado a punto de conseguirlo, pero esta vez no ha tenido tanta suerte. Hasta aquí han llegado sus crímenes.
El señor Roi comenzó a susurrar algo, imperceptible…
-Señor Roi… levántese y acérquese a la puerta.
El susurro se tornó un una risa contenida.
-Señor Roi… Rastapopoulos, esto ha terminado…
-Jajajajajajajajaja… Rastapopoulos, dice... jajajajajajaja
-Pero qué… ¡Agentes! Vengan, necesito que abran la celda.
Dos agentes aduaneros llegaron corriendo por el pasillo. Abrieron la pesada puerta y entraron en la celda 3.
- Colóquenle las esposas y denle la vuelta.
Aunque se resistió finalmente cedió ante los dos agentes, quienes le pusieron los grilletes y lo levantaron. Pero cuando le dieron la vuelta el teniente Bellier quedó literalmente petrificado.
-Oh, Dios mío… pero…
-Jajajajajajajajajajajaja…
Allí, de pie y riéndose con una carcajada burlesca, estaba uno de los enfermeros que asistía al señor Roi en la habitación del hospital.
-Vuelvan a encerrarle y acompáñenme.
Salieron del retén. Aún se oía de lejos la carcajada del falso señor Roi.
-Necesito ver las listas de pasajeros de todos los vuelos que hayan salido de este aeropuerto, desde ayer por la mañana hasta ahora mismo.
-Tardaremos unos minutos en…
-¡No hay tiempo que perder! Se escapa, se escapa otra vez… Una enorme frustración se apoderó del teniente Bellier.

A miles de kilómetros de allí una lujosa limusina llegó a “Le Château Frontenac Grand Hotel” de Quèbec. El chófer bajó del vehículo y abrió la puerta trasera. Bajó un matrimonio, el caballero le abonó el importe y la limusina partió, dejándoles allí con un par de maletas.
-Bueno… Aquí comienza nuestra nueva vida, Roberto.
-Sí, Germaine… aquí y ahora dejamos atrás el pasado. Y para empezar desde cero lo primero que tenemos que hacer es no volver a llamarnos con nuestros antiguos nombres.
-Roberto Rastapopopulos y Germaine Kieckiens se perdieron en Bruselas con Pierre Roi… jajajajajajaja.
-Por cierto, querida… ¿te encargaste del viejo cascarrabias?
-Bueno… técnicamente tuvo un empeoramiento repentino a los pocos minutos de que nos fuéramos nosotros…
-Vaya… excelente, doctora… excelente.
Se les acercó un botones del hotel.
-Bienvenidos a “Le Château Frontenac Grand Hotel”, señores… señores…
-Rodwell, Nick y Fanny Rodwell.
-¡Ah! Señores Rodwell, les están esperando.
Accedieron por la lujosa entrada y el botones les indicó el camino del restaurante. Allí, sentado delante de una mesa, les esperaba el doctor Jacobs. Rastapopoulos y la doctora Kieckiens se miraron y se acercaron a la mesa, sonrientes.
-Buenos días, señor Blumenstein.
-Oh, buenos días señores Rodwell… aguardaba impaciente su llegada.
-¡Camarero!
-A su servicio, señor…
-…Rodwell. Por favor, tráiganos una botella de su mejor champán. Tenemos que brindar.
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Re: Otra historieta apócrifa

Mensaje por zafiret » 22 Abr 2012, 18:49

Oscuridad, nada más que eso. El capitán Haddock se encontraba totalmente desorientado, ni siquiera sabía exactamente dónde estaba… pero allí, acostado sobre una superficie dura e incómoda, intentaba situarse física y mentalmente. Podría ser un barco… mercante, de pasajeros… no sabría decirlo, pero se balanceaba mucho... sí, era un barco… Bajó sus piernas de la litera e intentó ponerse de pie. Lo consiguió, pero le costaba mantener el equilibrio debido al incesante vaivén. Buscó entre la oscuridad y pudo ver a lo lejos una pequeña puertecita entornada de la que provenía una tenue y acogedora luz... En el lado opuesto pudo distinguir otra puerta, también abierta, a través de la cual se podía ver la cubierta del barco, el cielo gris de un día lluvioso… se podía sentir el olor a mar y sal. Una sacudida de la embarcación le hizo perder el equilibrio y cayó al suelo.
-¡¿Hay alguien ahí?! Hoooolaaaaaa…
Nada, silencio, soledad. Volvió a ponerse en pie y miró a ambas puertas. ¿Adónde ir? ¿Hacia la luz para pedir ayuda o hacia la cubierta para hacerse cargo del timón y capitanear el barco? La duda sólo duró un segundo, el que tardó en convencerse de que él era un marino de la vieja escuela y que tenía la misma obligación con su barco que con su vida. Comenzó a caminar hacia la cubierta, pero una nueva sacudida le hizo perder el equilibrio y comenzó a trastabillarse hacia la puertecita de la luz. Se agarró de algo, no sabía muy bien de qué… y reunió todas sus fuerzas para volver a caminar hacia la cubierta.
-¡Rayos y truenos! Tengo que conseguirlo… vamos, Archibaldo… el barco se va a ir a pique…
Logró caminar con paso firme hacia la cubierta, las sacudidas no habían cesado pero eran mucho menores. Parecía que la tormenta amainaba, pero él veía a través de la puerta que el cielo seguía gris y la lluvia arreciaba. Se acercaba, cada vez más, cada vez un poco más… hasta que logró cogerse del marco de madera. Notó el olor del salitre, el frescor del aire, la libertad… Se giró una última vez hacia la otra puerta y se quedó mirándola durante unos segundos. El tintinear de unas copas de whisky se escuchó a lo lejos acompañado del inconfundible saludo…
-¡Fidji…! ¡Fidji…! ¡Fidji…! ¡Buldú, buldú, buldú! ¡Aya! ¡Aya! ¡Ayayaaa!
De repente oyó a su espalda ruidos metálicos, como el chocar de unas espadas, y resonó una potente voz que provenía de la cubierta.
-Atrás, filibusteros… nunca conseguiréis apoderaros de “El Unicornio”… ¡Nunca venceréis al caballero de Hadoque!…
Sí, había elegido bien, estaba convencido. Un enorme gesto de satisfacción se dibujó en su rostro cuando el fresco aire marino besó su cara. Sacó del bolsillo su pipa y se la puso en la boca, se atusó el pelo, se ajustó la gorra y se aseó la barba. Respiró hondo… y su sempiterna figura atravesó decididamente el umbral.
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Re: Otra historieta apócrifa

Mensaje por Bigtwin1000 » 22 Abr 2012, 20:04

Me gusta... :mrgreen:

El sistema por entregas me encanta, emulando los origenes de Tintin bien_: ... y además me mantiene intrigado palomitas_ palomitas_

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