JUEGO: Terminemos el guión/la historia de "El Arte Alfa".

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Nao_CFH
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JUEGO: Terminemos el guión/la historia de "El Arte Alfa".

Mensaje por Nao_CFH » 06 Jun 2014, 15:52

Hace tiempo que me rondaba esta idea por la cabeza, y hoy me he vuelto a acordar de ella. Intentaré explicarla lo mejor posible para ver qué opináis.

Pues bien, el "juego" consistiría en seguir, como si de una novela se tratase, la aventura de "El Arte Alfa" justo desde donde Hergé la dejó.

Las reglas serían las siguientes:

-Cada usuario escribiría un máximo de 150 palabras (con programas como: Word, Writer, etc, es posible contabilizar las palabras que uno lleva escritas. Herramientas > Contador de palabras. De esta manera podríamos saber cuántas llevamos y no superar dicha cifra).

-El usuario[/b ] que vaya a escribir la continuación de la historia, tiene que seguir el hilo argumental que han hilado el resto de usuarios. Es decir, imagináos que yo empiezo la continuación, luego viene otro usuario, y tiene que seguir la historia con los elementos narrativos que yo escribí antes.

Sería una especie de "escritura en cadena" en la que entre todos iríamos dando forma a la historia.

Primero de todo, usuaré mi versión de El Arte Alfa de Casterman, para escribir la parte del guión que Hergé dejó terminado. A partir de ahí podremos empezar el juego, y seguir la historia con nuestras ideas, imaginación, etc.

¡Espero que os parezca buena idea y participéis!

Un saludo a todos.

...

Imagen


Tíntin y el Arte Alfa

Capítulo 1: En Moulinsart

Moulinsart, una hermosa mañana de verano. El en el vasto parque del castillo todo está en calma. Ante las ventanas de la habitación en la que Haddock sigue durmiendo, un pájaro carpintero picotea rítmicamente la corteza de un árbol. En su duermevela, el capitán cree que están llamando a la puerta y responde con un suspiro.

Haddock: Mmm... ¿Mmm?... ¿Sí?... ¡Adelante!

Una voz: Su desayuno, capitán.

Haddock: ¡Vete Nestor! Quiero dormir...

Una voz: ¡De eso nada! Tiene que tomarse la medicina.

Estupefacro, Haddock abre los ojos. Quien acaba de entrar en la habitación no es Néstor, sino una Castafiore más imperativa que nunca. A modo de desayuno, trae una botella de whisky en cuya etiqueta aparece una calavera.

Haddock: Pero... pero eso es Loch Lomond, señora... ¡Y ya sabe que últimamente me sienta como un tiro!

La castafiore se acerca al capitán y empieza a transformarse en una extraña ave, a medio camino entre una gallina y un pájaro carpintero.

Pájaro-Castafiore: ¡Ajá! Conque se niega, ¿eh? ¡Pues hoy se quedará sin postre, por malo!

Entonces, ya totalmente convertida en pájaro, ataca al desdichado Archibald a picotazo limpio.

Haddock: ¡Socorro! ¡Auxilio!... ¡A mí!

Alertado por los gritos del capitán, Tintín acude raudo en su ayuda.

Haddock en plena pesadilla y luchando contra su enemigo imaginario.

Haddock: ¡No!... ¡No! ¡No!

Tintín: ¡Capitán!

Al debatirse, Haddock le asesta un manotazo involuntario a Tintín, que trataba de despertarle, y lo deja medio aturdido. Pero el impacto es tan "real" que termina por desvelarte: entonces abre los ojos y, bruscamente, recupera la connsciencia.

Haddock: Uf... ¡Dios mío! Pero... Tintín, ¿qué haces tú aquí?... Madre mía, ¡qué pesadilla he tenido!... ¡Qué espantosa pesadilla!... Figúrate...

Suena el teléfono, y Tintín descuelga el auricular.

Tintín: ¿Diga?... Sí... No, señora, se confunde... ¡No, no es la carnicería Sanzot!... De nada, señora.

Haddock: Pues como te decía, ¡una pesadilla horrible!... Resulta que Néstor me traía el desayuno, pero luego ya no era Néstor y lo que me traía tampoco era mi desayuno de siempre.

Tintín: Ah...

Haddock: De repente...

El teléfono suena de nuevo e interrumpe el relato del capitán.

Tintín: ¿Otra vez?... Coge el teléfono: ¿Diga? Sí... ¿Có... cómo?... ¿Quién?... ¿La señora Castafiore?

Haddock: ¡¡No!! ¡¡No puede ser!!

Castafiore: Sí, acabo de llegar de Los Ángeles... En efecto, sí. Y como voy a estar dos días en el país, me gustaría ir a darles un habrazo a usted y al adorable Shadock. Por cierto, ¿cómo está nuestro querido amigo?

Tintín: De maravilla, señora, yo... ¡Precisamente acaba de salir!... Seirá muchísimo no haber podido saludarla...

Castafiore: ¿Mañana, entonces?... ¡Huy, no, espere! Mañana no puedo... ¡Voy a ver a Endaddine!

Tintín: ¿A quién?

Castafiore: Por Dios bendito, ¡no me diga que no conoce a Endaddine!... ¡El más grande, el único, el sublime! ¡Endaddine Akass! Es un hombre fascinante, darling... ¡Absolutamente fascinante! Le encantaría, ¡se lo aseguro!... ¡Es el mago más extraordinario que he visto en mi vida!... Con una simple imposición de manos, te deja magnetizado para todo un año. Por cierto, próximamente iré a pasar unos días a su casa de Ischia
... Habrá que buscar la manera de que se conozcan. Ya verá, ya: ¡es genial! En fin, joven, le dejo: ¡me voy de tiendas! ¡Ah, y muchos besitos de mi parte al querido Paddock! ¡Ciao!

Tintín: Adiós, señora.

Tintín cuelga el teléfono con un suspiro de alivio y sale corriendo al pasillo, por el que hace un momento ha visto desaparece a Haddock.

Tintín: ¡Capitán!... ¡Eh, capitán!

Néstor: ¿El capitán? Ha salido, señor. Y creo que llevaba prisa: ni siquiera se ha tomado su café. Me ha dicho que no volvería hasta la tarde.

Tintín: Ya veo... ¡en fin!

Capítulo 2: Encuentro inesperado

En una animada calle del centro de la ciudad, Haddock pase fumando tranquilamente su pipa.

Haddock: ¡Habría hecho cualquier cosa por librarme de ella! Aquí, al menos, camuflado entre el gentío de la gran urbe, sé que no corro peligro, ¡je, je!

De repente, por la esquina de la calle aparece la Castafiore con un minúsculo caniche en brazos. Igor Wagner la sigue sumisamente.

Haddock: ¡Maldición! ¡Lo que faltaba!... ¿Y qué hago yo ahora, Dios mío? ¿Qué hago? Para evitar el encuentro se mete por la primera puerta que encuentra, que resulta ser la de la galería Foucart: ¡Uf! ¡Salvado!

Una secretaria con grandes gafas se le acerca solícita.

Secretaria: ¿Puedo ayudarte en algo?

Haddock: Buenos días, señorita. Yo... Pasaba por aquí y... Echaré un vistazo, si no le importa.

La Castafiore mientras tanto, llega a la altura de la galería y descubre en el escaparate un cartel con el nombre de Ramo Nash.

Castafiore: ¡Oh! ¡Una exposición de Ramo Nash!... Querido Ramo... ¡Me pirro por él!... A lo mejor está en la galería... ¡Entremos!

Al ver entrar, flanqueada por su inseparable acompañante, el capitán, presa del pánico, se precipita en una estancia contigua. Sentados en una mesa hay dos hombres: uno de ellos es bajito, tiene el pelo largo y lleva bufanda y un jersey grueso; el otro parece un hombre de negocios.

Haddock: Yo... Eeh... Lamento molestarles... Creí que... Solo quería decirles que la exposición es estupenda...

Hombre bajito: ¿Le interesa el arte alfa, caballero?

Haddock: No sabe hasta qué punto... ¡Me apasiona!... De hecho, es el único que me gusta, ¡con eso lo digo todo!

Hombre bajito: Soy Ramo Nash. Le agradezco sus palabras y le felicito. Permítame: el señor Fourcart, director de la galería...

Sr. Foucart: Encantando, señor.... ¿Señor...?

Haddock: Haddock... Archibaldo Haddock.

Sr. Fourcart ¿Haddock?... ¿El amigo de Tintín?

Haddock: ¡El mismo que viste y calza!

Sr. Fourcart: Ejem, ejem... ¡Caramba, qué casualidad! Precisamente quería hablar con él para comentarle un asunto muy interesante... ¿Sería posible quedar un día de estos para vernos con él y yo? Como es periodista, a lo mejor...

La secretaria, que acaba de pasar por el despacho, escucha antentamente la conversación.

Haddock: Seguro que estará encantado. Le daré el número de teléfono del castillo y así se ponen de acuerdo directamente. Es el 621 de Moulinsart.

Sr. Fourcart: Perfecto, muchas gracias. En fin, no le entretengo más y le dejo con Ramo Nash, para que disfrute de la exposición. Dentro de unos días me pondré en contacto con Tintín.

Ramo Nash: Acompáñeme, caballero...

Con paso decidido, Ramo Nash conduce a Haddock hacia la galería, pero al pie de la escalera se encuentran cara a cara con Bianca Castafiore.

Ramo Nash: ¡Bianca, querida!

Castafiore: ¡Ramo!... ¡Qué sorpresa tan encantadora, darling! ¡Es fantástico!

Se besan sonoramente bajo la atenta mirada de la secretaria.

Ramo Nash: Ya que estamos entre amigos, aprovecho la ocasión para presentarte un gran aficionado al arte...

Castafiore: ¡El comandante Kapstock!... ¿Usted aquí?... ¡Qué maravilla!

Haddock con escaso entusiasmo, pero sin posibilidad de esquivar los besos de la cantante.

Haddock: ¡Bianca!... ¿Usted aquí?... ¡Qué sorpesa!

Castafiore: ¡No sabe cuánto me alegro de verle!... ¿Así que le interesa el arte alfa?... ¡Me deja usted de una pieza!... Que un simple marino pescador sin instrucción pueda aficionarse al arte es... ¡sencillamente prodigioso!...

Este se vuelve hacia Ramo Nash y añade.

Castafiore: Esto demuestra que tu arte nombre y elemental, tan simple y a la vez tan rico en matices, puede conmover a cualquiera.... desde el hombre más zafio e inculto hasta el más... el más... bueno, hasta gente como nosotros, tú ya me entiendes.

Castafiore: Y es que el arte alfa es un verdadero retorno a los orígenes, a las cuevas de Castamura, o sea, no... de Lascaux... Total, que es el arte de nuestro tiempo. ¡Una vuelta a los albores de la civilización, helo aquí! La rueda, el fuego, el huevo duro... Qué sé yo... ¡Todo! Eres un genio, mi querido Ramo, ¡un ge-nio! Y, parándose ante una especie de extraño candelabro rematado por una esperita, exclama: ¡Observe, capitán Krapock! ¡Qué fuerza, qué belleza! Contemplar algo así le reconcilia a uno consigo mismo, ¿no cree?

Haddock: Eeh... Bueno, yo...

Castafiore descubre un lienzo con una K gigantesca.

Castafiore: ¡Oh, qué maravilla! ¡Ni hecha a medida para usted, capitán!... ¡La K de Karbock!

Haddock: ¡Me llamo Haddock, señora!

Castafiore: Huy, qué cabeza la mía, ¡ju, ju!

Bianca señala otro cuatro y añade.

Castafiore: Esta sí que le viene como anillo al dedo, fíjese: ¡A de Addock!

Haddock: ¡Haddock se escribe con H, señora!

Ramo Nash: En ese cato, tengo lo que necesita, señor Haddock... ¡Una H de plexiglás!... Arte Alfa en estado puro y, encima, personalizado. ¡El culmen!

Castafiore: Genial... Sublime... Maravillosa... ¡Trascendental! Es exactamente lo que le conviene, amigo mío. Sería un pecado desperdiciar una oportunidad así: ¡esta obra le estaba esperando!

Ramo Nash: Bianca tiene razón, caballero. Puede que una ocasión semejante no vuelva a presentárselo en la vida...

Capítulo 3: Sorpresas y Arte Alfa

Haddock vuelve al castillo de Moulinsart.

Néstor: Buenas tardes, señor. Espero que haya tenido un buen día.

Haddock agotado y con expresión sombría.

Haddock: ¡Y que lo digas, Néstor!

Tintín le llama desde otra habitación.

Tintín: ¿Es usted, capitán? ¡Venga, aprisa!

Tintín está sentado frente al televisor y viendo la entrevista de Thomas d'Hartimont con el emir Ben Kalish Ezab.

Tintín: Llega justo a tiempo: están dando una entrevista con el emir Ben Kalish Ezab...

Emir: Sí, he venido a Europa de compras. Primero contacté con el Gobierno británico para quedarme en el castillo de Windsor y reconstruirlo cerca de Wadesdah... Pero el Gobierno inglñes, a pesar de las graves dificultades económicas que sufre el país, rechazó mi suculenta oferta, cosa que no entiendo... Tampoco quisieron escucharme en Francia, y eso que mi intención era comprarles Versalles... ¡Ah! Y también la torre Eiffel, para convertirla en torre de perforación. La verdad es que en todas partes no he hallado más que incomprensión. Incluso llegué a ofrecer una suma considerable por esa refinería que recientemente construyeron en París y que, finalmente, fue transformada en museo...

El entrevistador con expresión sobresaltada.

Thomas d'Hartimont: ¿Os referís al Centro Beaubourg?... Es que no es una refinería, Excelencia, sino un museo de verdad....

Emir: Lo sé, lo sé... Es la contestación que se me dio oficialmente desde el Gobierno francés. Pero como experto en la matería, sé perfectamente lo que me digo: ese centro es una refinería reconvertida en museo, ¡y que no me venga con cuentos! El caso es que, visto el panorama, he decidido construir yo mismo un museo que, por fuera, tendrá aspecto de refinería para hacer juego con el entorno. Sin embargo...

Una violenta explosión interrumpe al emir. Milú, y el gato, que dormían frente al televisor, salen huyendo para ponerse a salvo.

Tintín: ¡Dios mío!... ¿Habrá sido un atentado terrorista?... Espero que...

El humo se disipa rápidamente, y en la pantalla aparece Abdalá junto a su padre.

Emir: Abdalá, mi adorado pollito de azúcar cande... ¿No te da vergüenza asustar así a este señor?

Thomas d'Hartimon: No le regañéis, Excelencia, de verdad que no merece la pena. Total, era un simple petardito. ¿Seguimos con la entrevista?

Emir: Pues bien, como le decía, voy a edificar un museo de arte en Wadesdah. Mi intención es hacer de Khemed un país moderno y con vocación de futuro. De hecho, ya tenemos los planes a punto.

Thomas d'Hartimon: Gracias por la entrevista, Excelencia... Y no queremos abandonar el terreno de las artes sin antes comentar la desaparición, en dramáticas circunstancias, de Jacques Monastir, conocido experto tasador. Monastir, muy aficionado a la vela, zarpó hace tres días de un pequeño puerto sardo. Su velero Esmeralda ha sido hallado esta misma mañana entre Ajaccio y las islas Sanguinarias, navegando a la deriva y sin rastro alguno del patrón. Atado a la embarcación había un cabo sin función aparente. Jacques Monastir había alcanzado fama internacional como experto en arte, y la mayoría de los grandes museos del mundo le confiaban sus expertizaciones. Las primeras hipóteses apuntan a que Monastir habría decidido tomar un baño, atado a la embarcación para mayor seguridad. La fatalidad habría hecho el resto.

Haddock: Hablando de expertos en arte, hoy he conocido a un tal señor Fourcart que, al parece, tiene cosas interesantes que contarte. Dice que te llamará un día de estos.

Tintín: ¿Ah, sí?... Qué sorpresa, capitán; no sabía que le interesase el arte....

Haddock: Esto... Sí, yo... Espera, que te enseño una cosa...

Haddock sale del salón y vuelve al cabo de un momento con la H que acaba de comprar en la galería.

Haddock: ¡Mira!

Tintín: ¿Y esto qué es?

Haddock: Arte alfa; arte alfa personalizado, para ser exactos... Es la H de Haddock, ¿no lo ves?

Tintín: Yo... ¡Ah, ya! Sí, eeh...

Haddock: Y está firmada por Ramo Nash, el célebre artista jamaicano... Lo conoces, ¿no?

Tintín: Pues... El nombre me suena de algo, sí, pero...

Una silueta familiar hace su aparición.

Tornasol: ¡Hola, amigos!

Haddock: ¡Hombre, Silvestre! ¿Qué tal va todo?

Tornasol: Algo fresco para la estación, pero vaya... ¡Anda! ¿Qué es eso?

Haddock: Una obra de Ramo Nash.

Tornasol: ¡Ya veo que es una H, córcholis!... ¿Pero para qué sirve?

Haddock: ¡Para nada!... ¡No sirve para nada!... Es una obra de arte, ¡y una obra de arte no sirve para nada! ¡El arte es eso!

Tornasol: ¿Para guardar queso?... ¡Usted me toma el pelo, capitán! ¡Y ya empiezo a estar cansado de esta clase de bromitas!

Haddock: Pero...

Tornasol: ¡Una H para guardar queso!... ¡Vamos, hombre! ¿Se cree que soy tonto o qué?

Haddock: Silvestre, por favor, le juro que...

Tintín coge el objeto para examinarlo de cerca.

Tintín: Yo... ¡Ejem!... Es preciosa, capitán... ¡Muy original!...

Haddock: ¿A que sí? Es que... Bueno... Fue verla y enamorarme de ella, ¿sabes?

Se oye una puerta y Hernández y Fernández entran en escena.

Hernández y Fernández: ¡Buenas tardes a todos!

Tintín: ¡Bienvenidos, caballeros!

Hernández: ¡Corcho! ¿De dónde ha salido eso?... Parece una H, ¿no? ¿Para qué sirve?

Haddock empieza a ponerse nervioso.

Haddock: ¡Es una H! ¡¡¡Y no sirve para nada!!! ¡Es una obra de arte alfa, a ver si se enteran de una vez! ¡Y no sirve para nada!

Fernández: Aah, bueno. Vale, vale. En ese caso...

Haddock: Y por cierto, ¿qué les trae por aquí?

Fernández: Pues verá...

Hernández: No sé si lo sabrán, pero el emir Ben Kalish Ezab está de visita en nuestro país...

Haddock: Sí, acabamos de verlo en la televisión.

Fernández: Pues hemos recibido ciertas informaciones que nos hacen temer un atentado terrorista en su contra.

Haddock: ¿Ah, sí?

Fernández: Como lo oye; parece ser que un comando palestino planea secuestrarlo.

Haddock: ¡No me diga!

Hernández: Por eso se nos ocurrió que a lo mejor ustedes, que lo conocen bien, querrían acogerlo aquí de incógnito, a él y a su hijo...

Hernández le ofrece un habano al capitán y a su colega y coge otro para él. ¿Hace un purito, capitán?

Haddock: Sí, gracias. Verán... No tengo ningún inconveniente en hospedar... a una horda entera de vándalos de los Cárpatos o incluso... a una manada de bisontes, si hace falta... ¿Pero volver a meter a ese diablillo de Abdalá bajo mi techo? ¡Eso nunca! ¡Ni por todo el oro del mundo!

Fernández: Vamos, hombre, si es un encanto de criatura... Estos habanos que nos estamos fumando me los regaló él, para que vea...

Hernández: Qué buena persona, ¿verdad?

Haddock: Huy, pues yo que ustedes no me fiaría un pelo, porque el renacuajo ese...

Un doble "bang" le interrumpe en mitad de la frase. Los puros de Hernández y Fernández han explotado con apenas unos segundos de intervalo.

Haddock se ríe.

Haddock: ¿No se lo decía yo? ¡Ja, ja, ja! Anda, que no lo conozco yo ni nada, a ese bribonzuelo...

De repente, el puro del capitán también explota.

Haddock: ¡Maldito crío! ¡Como lo pille...!

Serafín Latón entra en escena.

Latón: ¿Qué ocurre aquí? ¿Ha estallado la guerra?

Hernández: No, son puros explosivos... Alguien ha querido gastarnos una broma...

Latón: ¡Puros explosivos! ¡Ay, qué risa!... Eran la especialidad de mi tío Anacleto. Eso y el vaso baboso, por cierto.

Latón se fija en la escultura de Ramo Nash.

Latón: ¡Anda la osa! ¿Y ese chisme?... Es una H, ¿no?

Haddock algo malhumorado le contesta.

Haddock: Sí, es una H.

Latón se ríe y le dice.

Latón: ¿Y para qué sirve el cacharrito, si puede saberse?

Haddock bastante seco le contesta.

Haddock: Es una obra de arte. De arte alfa, para ser exactos. Está firmada por Ramo Nash... ¡¡y no sirve absolutamente para nada!!

Serafín Latón desaparece con expresión airada. Suena el teléfono y el capitán, muy crispado, descuelga el teléfono.

Haddock: ¿Diga?... ¡No, no es la carnicería Sanzot!... ¿Qué? ¿Cómo?... ¡Oh! Disculpe, caballero... Sí, sí. Un segundo, que se lo paso.

Le pasa el teléfono a Tintín.

Haddock: Es el tal Fourcart, el experto en arte del que te hablé hace un rato...


Tintín: Sí, dígame... El mismo.. Pues... Con mucho gusto. ¿Mañana por la tarde?... A las seis, entonces. ¡Perfecto!... Hasta mañana, señor Fourcart.

Tintín cuelga y se vuelve hacia el capitán.

Tintín: Desde luego, estamos más artísticos que nunca... Primero conoce usted a Ramo Nash y se compra una obra de arte alfa. Luego, un experto tasador desaparece en Ajaccio. Después viene otro experto que me quiere contar no sé qué, y a Ben Kalish Ezab le da por contruir un museo...

Néstor interviene discretamente.

Néstor: Disculpe, señor, si no me necesita...

Haddock: No, Néstor, muchas gracias.

Haddock con gesto de orgullo, le muestra su nueva adquisición.

Haddock: Dime, Néstor, ¿qué te parece esto?... Anda, sé sincero...

Néstor: ¿Qué es, señor?

Haddock: Una H, Néstor, como puedes ver.

Néstor: Sí, señor, lo veo. Pero, ¿para qué sirve, si me permite la pregunta?

Haddock con un grito de desesperación.

Haddock: ¡Para nada, Néstor!... ¡Para nada en absoluto! ¡Es una obra de arte! ¡Mil millones de naufragios! ¡Digo yo que se ve a la legua!... ¡Y que yo sepa, las obras de arte no sirven para nada!

Capítulo 4: Martina

A la tarde siguiente.

Tíntin cómodamente instalado en el salón, consulta su reloj.

T: Las seis menos die... El tal Fourcart ya debe de estar al caer...

El tipo pasa y Fourcart no da señales de vida.

T: Las siete y media... Ese ya no viene, seguro... ¡Qué raro! ¿Habrá olvidado la cita?

A la mañana siguiente.

Tintín y el capitán desayunan. Milú entra corriendo con el periódico en la boca.

T: A ver qué nueva catástrofe trae hoy la prensa...

Tintín abre el periódico, lee unas líneas y exclama sobresaltado.

T: ¡Fourcart está muerto!...

Haddock: ¡No!

Tintín le enseña el artículo que viene en primera página.

MUERE FOURCART

El mundo de las artes vuelve a estar de luto

Si ayer anunciábamos la desaparición de Jaacques Monastir frente a las costas de Ajaccio, cerca de las rocas Sanguinarias, hoy teneos que lamentar la pérdida del señor Fourcart en un desgraciado accidente. Al parecer, el coche que conducía se precipitó al lecho seco de un río tras derrapar en una cuerva; a consecuencia del impacto, el vehículo se incendió y el desafortunado conductor murió carbonizado.

T: Qué misterioso todo esto... Quería decirme algo y, mira tú por donde, va y se mata, como su desdichado colega...

H: Y que lo digas, pobre hombre... Parece que lo hayan hecho aposta...

T ¿Y si no fueran accidentes?

H Quita, hombre, quita. ¡Tú ves misterios en todas partes!

T: Probablemente tiene razón, capitán... Pero mañana iré a investigar un poco sobre el terreno, por si caso.

A la mañana siguiente, Tintín llega hasta la galería Fourcart en su moto.

T: Tú quédate aquí y pórtate bien, Milú.

Capítulo 5: Tintín investiga

La secretaria de las grandes gafas sale a recibirle.

Secretaria: Buenos días, señor. ¿En qué puedo ayudarle?

T: Verá; me llamo Tintín y soy periodista. El señor Fourcart me llamó anteayer y me dijo que tenías cosas importantes que comunicarme. Según él, había material suficiente para escribir un artículo sensacional. Quedamos en vernos, y la víspera de su visita sufrió el fatan incidente.

Secretaria: Sí, señor, una pena.

T: Entonces pensé que a lo mejor usted sabría lo que quería contarme su jefe...

Secretaria: Pues no, señor. Ni siquiera me constaba que hubiera quedado con usted. No me dijo nada.

T: Es que me choca mucho que en un espacio tan breve tiempo hayan desaparecido dos expertos de tanto prestigio... Incluso me pregunto si los presuntos accidentes fueron tales.

Secretaria: ¿Cómo? ¿Insinúa que...?
Oculto bajo el mostrador, un magnetófono graba toda la conversación.

Secretaria: Pero señor, ¿quiéen podría estar interesado en eliminar al señor Fourcart? Que yo sepa, no tenía enemigos. ¡Si era el hombre más afable del mundo!

T: Y al volante, ¿qué tal era?... ¿Conducía con prudencia?... Y disculpe la pregunta, pero... ¿tomaba alcohol de vez en cuando?

Secretaria: ¡Jamás! Solo bebía agua, el pobre. ¡Y conduciendo casi se pasa de prudente!

T: ¿Y el coche? ¿Había tenido alguna avería? O quizá...

Secretaria: ¡Oh! No, no creo. Pero esto habría que preguntárselo al mecánico. Sé que el señor Fourcart tenía la intención de pasarse por el taller un día de estos no sé qué de una peque puesta a punto...

T: ¿Tiene la dirección de ese taller, por casualidad?

La secretaria consulta una libreta y añade.

S: Ajá, Talleres Porvenir, Leignault. El propietario se llama Fleurotte. Está cerca del lugar donde el señor Fourcart tenía su casa de campo.

T: Gracias por todo, señorita... ¿Señorita...?

S: Vandezande... Martine Vandezande.

Tintín sale de la galería y se reúne con Milú, que le espera sentado en la cesta de la moto.

T: ¡Nos vamos Leignault, Milú! Si mal no recuerdo, eso cae a unos treinta kilómetros...

Ya en Leignault, Tintín estaciona enfrente de los Talleres Porvenir y se dirige a un hombre con bigote que lleva mono de mecánico.

T: ¿El señor Fleurotte?

Fleutotte: Para servirle a usted.

T: Buenos días. Soy periodista y estoy investigando el accidente que le costó la vida al señor Fourcart.

F: ¡Ah, sí! Una verdadera lástima... Pero lo que sé ya se lo he dicho a la policía. El señor Fourcart era uno de mis más antiguos clientes. Precisamente iba a traerme su coche un rato de estos para arreglar una pequeña fuga de aceite; nada, una simple junta que cambiar.

T: Y aparte de eso, ¿estaba en buenas condiciones el coche?

F: ¡Inmejorables! Era casi nuevo, como quién dice; solo llevaba 32.000 kilómetros... No, para mí que el señor Fourcart sufrió una indisposición y perdió el control del vehículo. Además, como tenía un chalé muy cerca de aquí, conocía la carretera como la palma de su mano...

T: ¿Y dónde se produjo el accidente, exactamente?

F: Mejor se lo enseño en el mapa. Mire; el lugar está a unos tres kilómetros de aquí, entre Leignault y Marmont. Ya verá, ya; la valla ha quedado hecha pedazos y el coche todavía está en el lecho de la Douillette; así se llama el río.

T: Estupendo, señor Fleurotte. Gracias por todo.

F: De nada.

Tintín vuelve a montarse en la moto y arranca, pero un potente Mercedes negro emprende su persecución.

Capítulo 6: La persecución

Uno de los perseguidores: Una recta despejada y nada a la vista. ¡La ocasión la pintan calva, compañero! ¡Dale gas!... ¡Maldición! ¡Ahora se mete un tractor!... ¡Será imbécil!... El niñato lo adelanta en la monto... ¡Vaya, hombre! Vienen coches en dirección contraria... ¡Nos está dejando atrás!

Después de recorrer unos centenares de metros, el Mercedes consigue finalmente adelantar al tractor.

Uno de los perseguidores: ¡Allí, míralo!... No hay moros en la costa. ¡Acelera, venga!

Pero la mala suerte se cebe con los malhechores, en lo alto de la cuesta, dos policías controlan la circulación.

Una vez superado este nuevo contratiempo, el Mercedes vuelve a acercarse peligrosamente a Tintín, que ahora ya está a tan solo unos metros del parachoques delantero.

Uno de los...: Esta vez no escapará. ¡Dale, dale!

De repente, una fuerte detonación hace volver la cabeza a Tintín y Milú. El Mercedes, ha tenido un reventón.

Conductor: ¡Maldición! ¡Justo ahora que iba a embestirlo!... ¡Qué mala pata!

Mientras los ocupantes del Mercedes se afanan en cambiar a rueda, Tintín llega a Leignailt.

Tintín: ¡Ah! Ahí está la valla derribada. Debió de ser aquí.

Tintín se poya la mota contra un muero y cruza la carretera, acercándose al barranco.

T: Veamos... ¡Dios mío, qué caída tan tremenda!

Se inclina un poco y, al fondo del precipicio, ve los restos carbonizados del vehículo. Después examina la calzada.

T: En efecto, hay huellas de frenazos.

Mientras tanto, Milú empieza a perseguir a un conejor, pero después de recorrer unos metros se para y rompe a ladar furiosamente.

T: ¡Vaya! Creo que milú ha visto algo... Fíjate, aquí sí que hay huellas de frenazos. Es como si un coche hubiera dado un bandazo para cortarle el paso a otro... ¡Eh! ¿Y eso qué es?.. ¡Cáspita! ¡Una mancha de aceite!

De pie en el medio de la carretera, Tintín sigue reflexionando.

T: El propietario del taller dice que la fuga de aceite era pequeña... Pero la parada pudo ser lo suficientemente larga... Y si obligaron a Fourcart a pararse, estaríamos hablando de un crimen en toda regla... ¡Y apuesto a que el “accidente” de Monastir tampoco fue tal!...

Absorto en su razonamiento, Tintín no se da cuenta de que el Mercedes se le aproxima a gran velocidad.

Uno de los: ¡Alli, míralo!... ¡Esta vez no podemos fallar!...

El Mercedes empieza a desviarse para arrollar a Tintín cuando, súbitamente, aparece un vehículo en dirección contraria.

Uno de los: ¡Cuidado con el coche!

El otro conductor del otro coche: ¿Pero qué hace ese loco?

Uno de los: Frena y da marcha atrás, ¡rápido!

Tintín ve la maniobra.

T: ¡Madre mía, qué improdencia! ¿A quién se le ocurre dar marcha atrás en un lugar así?... ¡Eh, cuidado!

Demasiado tarde. Un camión acaba por embestir al Mercedes por detrás.

Uno de los: ¡Larguémonos, pronto! Esto ya no tiene arreglo.

El Mercedes sale huyendo a toda velocidad.

El conductor del camión baja de la cabina de su vehículo.

Camionero: ¡Hay que estar completamente majara! ¡Eh, mire esto!

De repente, descubre una ametralladora en medio de la calzada y se agacha para recogerla.

T: ¡No la toque! Probablemente habrá huellas dactilares.

Tintín envuelve cuidadosamente el arma en un pañuelo.

T: Se la entregaré a la policía. Pero antes que nada, voy a ver si alcanzo a los conductores de ese vehículo.

C: En el estado en el que ha quedado el coche, no llegarán muy lejos, no tema.

Tintín monta en su moto y arranca.

T: Esta vez no hay duda, han intentado matarme, está clarísimo. Pero, ¿cómo han sabido que me encontrarían aquí? Aparte del señor Fleurotte, nadie. ¡Un momento! La señorita como se llame sí sabía que iba a pasarme por el taller... ¡Eh! ¡Ahí está el Mercedes!

El Mercedes se halla estacionado enfrente de un taller. Tintín se oculta detrás de otro coche accidentado.

T: Habrá que andarse con cuidado. ¡Esta gente no se detiene ante nada!

En ese preciso instante se oyen varias detonaciones. Tintín se tira al suelo. Pero solo era un moto que arrancaba ruidosamente.

Un mecánico observa a Tintín con cara de asombro.

T: ¡Habría jurado que nos disparaban!

Milú piensa que ambos han hecho un ridículo espantoso.

Tintín se acerca a un grupo de mecánicos que discuten acaloradamente.

T: Disculpen, señores, ¿saben dónde están los ocupantes de ese coche?

Oficial: ¡Qué más quisiéramos! Llegaron aquí y robaron el coche de ese señor, que estábamos repostando. La policía ya está en camino. ¿También les busca usted?

T: Sí, han intentado matarme. ¡Ah! Ahí llega la policía.

Capítulo 7: Regreso a la galería

Al cabo de media hora.

Tintín parte de nuevo en su moto.

T: Tú vigila bien la retaguardia, Milú, y si ves algo raro, ladra, ¿vale? Venga, volvamos a Moulinsart. ¡Cuando se lo cuente al capitán, se va a quedar de piedra!

Ya en Moulinsart, Haddock reacciona con incredulidad, tal como había previsto Tintín.

Haddock: Venga, hombre, ¿de veras pretentes que me trague todo eso? ¿Pero si parece un culebrón barato.

T: ¡Le digo que es pura verdad, capitán! Y además, estoy prácticamente seguro de que fue la secretaria del señor Fourcart quien les avisó. Aparte de ella, ni usted ni nadie sabían que pensaba pasarme por el taller de Fleurotte. Mañana le haré una visita, a ver cómo lo justifica.

H: Iré contigo, Tintín. Con esa clase de elementos, nunca se sabe.

Y a la mañana siguiente.

Haddock estaciona el coche enfrente de la galería Fourcart.

H: Ye espero aquí, ¿vale?

T: Vuelvo enseguida.

Secretaria: ¡Ah! Buenos días, señor Tintín. ¿Qué le trae por aquí?

T: Me temo que nada bueno, señorita Martina.

Martina: ¿Ah?

T: Y no lo es porque cada vez estoy más convencido de que la muerte del seór Fourcart no fue accidental.

M: ¿De verdad cree que...?

T: Sí, lo creo. Y la prueba es que ayer también intentaron matarme a mí.

M: ¿Pero qué dice? ¡No es posible!

T: Por desgracia, sí lo es, señorita. Y solo una persona sabía que yo pensaba visitar a Fleurotte.

M: ¿Ah, sí? ¿Y conoce a esa persona?

T: Pues sí, señorita; la persona a la que me refiero es...

M: ¿Sí?

T: ¡Usted!

M: ¡¿Yo?!

T: ¡Sí, usted!... ¿A quién le dijo que iba a Leignault?

M: ¡A... a nadie! ¡A nadie, se lo juro!...

Martina rompe a llorar.

M: ¡Es horrible! Atreverse a sospechar de mí, de alguien que... que... ¡Yo no he hecho nada!

Tintín pensativo cree que Martina parece sincera en sus palabras.

T: Pero entonces, ¿quién ha sido? ¿Quién? A menos que... ¡Un momento!... ¡Sí está clarísimo!.. Pero, ¿cómo no se me habrá ocurrido antes?

T: Veamos; aparte de usted, ¿hay alguien más en la galería?

M: Pues sí, la señorta Laijot. Lleva la contabilidad.

T: ¿Y trabaja todo el día aquí?

M: No. Viene una vez cada quince días.

T: Entonces no puede ser ella.

Se dirige a la habitación contigua.

T: ¿La señora Laijot?

Señora Laijot: ¡Yo misma! Llevo veinticinco años trabajando aquí como una esclava, caballero. ¡Me he dañado la vista para servir a esta casa! ¡Y todo, para que ahora venga un extraño y me acuse de no sé qué historia absurda!

Tintín vuelve a la recepción.

T: Esta no ha hecho nada. Es una arpía, eso seguro, pero dice la verdad.

Capítulo 8: Endaddine Akass

Tintín se dirige a la secretaria Martina.

T: Vamos jures, ¡no llore más!... Se me caba de ocurrir otra cosa... ¿y si hubiera micrófonos ocultos en algún rincón del despacho? Para grabar las conversaciones, quiero decir...

M: Pero, ¿para qué? ¿Con qué objetivo?

T: Sé tanto como usted, señorita, pero no estaría de más que echásemos un vistazo.

En el coche, el capitán empieza a impacientarse.

H: ¡Este Sherlock se lo toma con calma!

Al cabo de media hora.

H: ¡Ah! Ya sale. ¿Qué? ¿Cómo ha ido?

T: ¡Fatal! No he sacado nada en claro.

H: Pues nada, volvamos a casa.

El coche se detiene ante un semáforo en rojo. En el preciso instante en el que el capitán arranca, Tintín se fija en un enorme cartel.

T: ¡Pare, capitán! ¡Pare!

H: ¿Qué ocurre?

Tintín sale del coche y se acerca al cartel. En él se ve a un curioso personaje con barba y bigote que lleva una especia de bonete plano, grandes gafas oscuras y un colgante de forma geométrica. Su nombre aparece resaltado en grandes letras, “ENDADDINE AKASS”, junto con el título de la conferencia, que reza “Salud y magnetismo”.

T: Esa joya me recuerda algo, ¿pero qué? ¡Vale, ya caigo! ¡La señorita Martina llevaba un colgante muy parecido! ¿Será seguidora del famoso mago? Podría ir a la conferencia, a ver si averiguo algo. Es el tal Endaddine del que me habló la Castafiore.

H: Bueno, vale. Si quieres, te acompaño.

Y esa tarde. En el frontal de la mesa del conferenciante se aprecia el motivo de la joya que trajo la atención de Tintín. Un presentador sube al escenario.

Presentador: Damas y caballeros, es un honor ara mi presentarles al célebre mago Endaddine Akass. Tods en pie, por favor.

Los asistentes, entre los que se encuentran Tintín y el capitán, se levantan de sus asientos. El mago aparece en escena, seguido de un acólito, y toma la palabra expresándose con fuerte acento.

Endaddine: Siento una presencia hostil, un espírituo escéptico que perturba el ambiente.

H: ¿A qué demonios espera ese pedazo de ectoplasma?

T: Se concentra, medita o algo así, supongo.

Voces: ¡Chis! ¡Chis!

Endaddine: Hermanos, hermanas, os pido que, todos al unísono, pronunciéis conmigo la sílaba sagrada para que vuestra energía...

H: No te des la vuelta enseguida, pero cuando puedas, mira tu derecha... un poco para atrás.

Tintín echa una ojeada discretamente y ve a Hernández y Fernández.

H: ¿Qué rayos hacen aquí ese par de mamarrachos? Esto es de lo más sospechoso.

T: Y ahí delante hay alguien a quién también conozco. A ver... Sí, sí... Es el señor Sacarín.

La ceremonia empieza y el mago se concentra, pero de repente, el capitán sufre un violento ataque de tos. Tras estornudar varias veces, se suena ruidosamente, se le cae la pipa al suelo y se pone a buscarla entre las filas de espectadores, trastocándose así por completo la sesión de magnetismo.

Capítulo 9: La doble trampa

En cuanto se restablece la calma, el mago pronuncia la sílaba mágica.

Endaddine: ¡Om!

La asamblea: Om, om, om, om...

H: ¡Esto parece la fanfarria de Moulinsart! Escucha, escucha. Po-pom, po-pom, po-pom, po-pom, po-pom...

Tintín: ¡Silencio capitán!

Tras el último “om”, el mago pide silencio con un gesto grandilocuente. En ese instante, el capitán vuelve a soltar un estornudo particularmente estruendoso, las miradas de reprobación de la concurrencia lo asaetean mientras se suena la nariz.

Endaddine: ¡Om! ¡Om! Las energías del Univeroso han entrado en mí, hermanos. Estoy preparado para compartirlas con vosotros y para magnetizaros uno a uno. ¡Acercaos, hermanos míos! ¡Arcaos, hermanas! Toda la energía del planeta fluye dentro de mi ser. ¡Lo noto!

Tintín: Esa voz... Tiene un deje que me recuerda a alguien, pero, ¿a quién?

Endaddine se dirige a los asistentes, que van desfilando delante de él y se arrodillan para que les imponga las manos.

E: Vete en paz hijo mío. A partir de ahora, nadie podrá hacerte daño. Vete en paz, hermana. A partir de ahora, nadie podrá hacerte daño...

T: ¡Eh, mire!... Es la señorita Martina, la secretaria de Fourcart.

T: Se va. Venga, capitán, ¡no la perdamos de vista!

H: Pero oye...

Ambos salen a la calle.

T: ¡Allí está!

Tintín corre a por ella y la alcanza.

T: Hola, señorita Martina.

M: ¡Ah! Es usted. Y el señor... Kodak, ¿no?

H: Haddock, señorita.

M: ¿Y cómo me han...?

T: ¡Oh! No, no, solo pasábamos por aquí. Y como una amiga nuestra nos había hablado elogiosamente de Endaddine Akass...

M: Ay, si. Es un ser excepcional, ¿verdad? Magnetiza a la gente y...

T: Sí, sí, le he visto hacerlo. ¿Y ese colgante? ¿Se lo regaló él?

M: Sí... Bueno, en realidad, se lo compré y él me lo magnetizó. Es como un pequeño talismán. ¡No me lo quito nunca!

T: ¿Me permite?

Sopesa el colgante y añade.

T: Magnífico. ¡Oh! ¡Y cómo pesa! Es de oro, ¿no?

M: Sí, eso creo.

T: Precioso. ¿Y qué significa ese símbolo?

M: Son dos E adosadas.

T: ¡Ah! ¿Arte alfa, quizá?

M: No, no, qué va. La E viene de “Endaddine”.

T: Ah, ya... ¿Quiere que la llevemos a casa?

M: Si les pilla de camino, encantada.

La acompañan en el coche y la dejan frente a su casa.

M: Adiós. ¡Y gracias!

T: Creo que empiezo a atar cabos...

H: ¿Y qué cabos son esos, si puede saberse?

T: Mañana por la noche habremos salido de dudas.

H: ¿Ah, sí?

Y al día siguiente.

T: Hola, señorita Martina. Aquí estoy otra vez.

M: ¡Oh! Siempre es un placer saludarle, caballero.

T: Solo quería decirle que esta misma noche habré desenmascarado al culpable. A las ocho voy a reunirme con un confidente en la antigua fábrica e Fréaux, cerca de Moulinsart. ¿La conoce? Es esa planta que están derruyendo. Llevaré una linterna roja y...

M: ¡Oh Dios mío! ¡Prométame que tendrá cuidado!

Al anochecer.

Tintín acaba de estacionar su moto en la entrada de la fábrica abandonada.

T: ¡Listo! Y ahora, no bajemos la guardia...

En cuanto cruza la puerta, un ruido metálico resuena a sus espaldas.

T: ¡Soy yo! ¿Dónde está? ¡Encienda la linterna, tal como quedamos!

Una luz hiende la negrura.

T: ¡Perfecto!

Una voz: ¡Ahora encienda usted la suya!

T: Vale un segundo... ¡Aquí estoy!

De repente, una ráfaga de arma automática rompe el silencio. Tintín se tira al suelo mientras dos sombras huyen en la oscuridad.

Una voz: Ese ya está frito. ¡Larguémonos de aquí, rápido!

Tintin se levanta y les apunta con un arma.


T: ¡Manos arriba!

Pero uno de los enemigos consigue alcanzarlo por la espalda y le asesta un tremendo golpe en la cabeza.

Tintín recobra el conocimiento en una cama de hospital, el capitán, sentado junto a su cabecera, lo mira con preocupación.

Haddock: Nos has dado un susto de muerte, hijo. ¡Menos mal que Milú nos avisó!

T: ¡Ay! Cómo me duele la cabeza... Pero ahora, al menos ya sé dónde sacan la información esos facinerosos. Usaron un micrófono que iba camuflado en el colgante.

H: ¿De qué colgante hablas?

T: ¡Del que lleva la señorita Martina!

H: ¡Ah! Ya... ¿Y qué?

T: Pues que con ese pequeño micro gran todas las comunicaciones, así de fácil. Solo que...

H: ¿Solo que qué?

T: Que ese tipo de micrófonos tienen un alcance muy limitado, así que debe de haber un receptor cerca. Mañana mismo empiezo a investigar.

H: ¿¡Mañana!? ¡Ni lo sueñes! El médico ha dicho que tienes que guardar ocho días de reposo.

T: ¿Ah, sí?

Capítulo 10: Tintín investiga de nuevo

Y al día siguiente.

Tintín se dirige hacia la galería Fourcart a toda prisa.

T: Ahora, Milú, fingiremos que estamos haciendo un sondeo de opinión sobre... A ver, ¿sobre qué podríamos hacerlo? ¿Sobre la energía solar?... Sí, el tema no está mal. Venga, vale; ¡sobre la energía solar!

Tintín entra en el edificio cuya planta baja está ocupada por la galería.

T: Empezamos por los otros inquilinos.


Examina el nombre de los ocupantes en las placas del inferfono. Thomas d'Hartimon, Sres Cléonage, Sra, Vda. Tricot y Srta. Dory Faure. Se decide por la Sra Tricot y llama al timbre. Una mujer afable y sonriente le abre la puerta con un bebé en brazos.

T: Buenos dias, señora. Estoy haciendo una encuesta sobre la energía solar. ¿Sería tan amable de contestar a unas preguntas?

Sra. Tricot: ¡Cómo no! Pase, joven, pase.

Tintín sale del piso un poco más tarde, con la decepción pintada en el rostro.

T: Me parece que aquí no hay nada. En fin, ¡paciencia! Vamos con el vecino, Milú.

La puerta se abre y en el dintel aparece un hombre con cara de pocos amigos.

Hombre: ¿Qué quiere?

T: Vengo por un sondeo de opinión, señor. Es sobre...

Hombre: ¡No tengo opinión! ¡Sobre nada! ¡Y déjeme en paz!

Le da con la puerta en las narices.

T: ¡Vaya modales! Pero yo esa cara la he visto antes. ¡Ah, ya sé! Estaba en la reunión de Endaddine Akass. ¡Es uno de sus asistentes! ¿Me habrá reconocido? Porque tiene que haber algún tipo de vínculo entre Endaddine, el micrófono...

En cuanto Tintín se aleja, el hombre descuelga el teléfono.

Hombre: Creo que sospecha algo. Se ha presentado en mi casa con el pretexto de que estaba haciendo un sondeo de opinión... Entendido... Nos ocuparemos de él, sí... Tranquilo, esta vez no habrá fallos.

Y al día siguiente.

Haddock enfrente de la escalinata de Moulinsart, se dirige a Tintín, que acaba de montarse en la moto.

H: ¡Y ten mucho cuidado! Esa gente no se anda con bromas.

T: Descuide, capitán. Voy al pueblo y vuelvo enseguida.

Pero a escasa distancia del castillo, Milú se pone a gruñir inesperadamente. Tintín vuelve la cabeza y se da cuenta de que un coche grande le da caza de nuevo.

Conductor: ¡Esta vez no escaparás, niñato!

T: ¡Me van a atrapar!


Capítulo 11: Atrapado

Se oye una ráfaga de ametralladora y la moto choca contra un árbol.

Uno de los perseguidores: ¡Le di! ¡Le di!

En ese preciso instante, Haddock y Tornasol se encuentran en la terraza del castillo. El capitán se levanta de golpe.

H: ¡Disparos!

Tornasol: ¿Perdón?

Haddock dice gritando.

H: ¡Acabo de oír un arma de fuego!

T: ¿Fuego? ¿Dónde?

Haddock monta en su coche de un salto y arranca a toda velocidad.

H: ¡Como le hayan tocado un solo pelo de la cabeza, acabo con ellos!

A cierta distancia, dos hombres inspeccionan los arcenes de la carretera.

Primer hombre: Estoy totalmente seguro de haberle dado. Mira, ahí está su moto. Nada... ¡ha desaparecido! A lo mejor se lo ha llevado la corriente.

Segundo hombre: ¡No digas sandeces! ¡Este riachuelo no tendrá ni veinte centímetros de profundidad! ¡Cuidado! ¡Viene un coche! Larguémonos de aquí, ¡rápido!

Haddock frena bruscamente.

H: ¡Demasiado tarde! ¡Han huido! ¡Hotentotes! ¡Domingueros! ¡Atropelladores!

El otro coche ha desaparecido hace rato. Empuñando una pistola, el capitán inspecciona la densa vegetación de los alrededores.

H: ¡Tintín!... ¡Tintín!... ¿Dónde estás?... ¡Ah! Mira, su moto... Pero, ¿dónde está él?

Una voz: ¿Es usted capitán?

Al levantar la vista, Haddock ve a Tintín saliendo de un tronco de árbol en el que se había ocultado.

Tintín: Estos sauces transmochos tienen su lado bueno. ¡Sobre todo cuando están huecos!

H: ¿Te han disparado?

T: Sí, esto ya empieza a convertirse en una molesta costumbre... ¡Silencio! Escuche...

A lo lejos se oye una sirena que se va acercando.

T: ¡Los bomberos!

Un camión de bomberos aparece circulando a toda velocidad en dirección Moulinsart. Tintín y el capitán se lanzan tras él.

H: ¡Han entrado en el parque!

Los bomberon se vajan del vehículo y echan a correr hacia el castillo, seguidos de cerca por Tintín y Haddock.

Un bombero: ¿Dónde está el fuego?

H: ¿Fuego? ¿Qué fuego?

El bombero: Oiga, a nosotros nos ha llamado alguien de aquí para avisarnos de que había fuego.

Tornasol aparece en lo alto de la escalera.

Torsanol: ¡Ah, por fin! Pasen, caballeros. Les he llamado yo... Hay fuego en el castillo, ¡me lo h dicho el capitán!

Capítulo 12: Ischia

Una vez aclarado el malentendido, Tintín, Haddock y Tornasol analizan la situación sentados en la mesa.

H: ¿Pero quién rayos puede tener interés en liquidarte? ¿Y por qué?

T: Para mí que todo gira alrededor de ese Endaddine Akass. A la señorita Martina, el colgante-micrófono se lo regaló él, no lo olvide. ¿Y para qué iba a hacerlo si no es para espiar a Fourcart?

Tornasol: ¡Pero si fue usted quien me dijo que había fuego!

T: Habrá que investigar más a fondo al tal Endaddine Akass.

H: Sí, pero, ¿cómo vas a dar con él?

T: Ojalá lo supiera... ¡Eh, un momento!... ¡Pues claro! Cuando Bianca Castafiore telefoneó la semana pasada, ¡me dijo que tenía previsto pasar unos días en su casa de Ischia.

H: ¿Ischia? ¿Y eso dónde cae?

T: Es una isla situada en la costa napolitana.

Al cabo de unas horas, un avión aterriza en el aeropuerto de Nápoles.

H: Esto es masoquismo puro y duro, grumete, ¡masoquismo con alevosía y premeditación! Mira que recorrer 2.000 kilómetros...

T: Y dos horas en barco...

H: Para ir en busca de la Castafiore... ¡Hay que estar como una cabra, hombre!

Tintín: Tintín y Haddock. Hemos reservado.

Recepcionista: En efecto, signore... ¡Bienvenidos a Ischia!

T: ¡Ah! Una pregunta, por favor.. ¿Sabe dónde está la villa del señor Endaddine Akass, por casualidad?

R: Es muy fácil, signore. Si me acompañan, se lo enseño ahora mismo.

Los lleva fuera y señala una mansión situada en lo alto de la colina. El estentóreo “Ah, je ris...” que emerge de sus ventanas bastaría por sí solo para identificar la casa del mago.

R: Esa de ahí es la villa del signor Endaddine Akass. Parece ser qque la diva está pasando unos días con él.

T: ¡Echemos un vistazo, capitán!

Tintín y Haddock se dirigen hacia la villa y se ocultan entre la vegetación circundante. El capitán saca unos prismáticos y empieza a observar la casa.

H: ¡Mil millones de naufragios! ¡Pero si es Ramo Nash!

T: ¿Ramo Nash?

H: Sí, el papa del arte alfa, el autor de esa H que compré el otro día.

T: Hay que entrar en esa casa como sea, me da en la nariz que en ella está la clave de todo este misterio. Ahora la cuestión es cómo lograrlo.

Ambos vuelven al hotel y suben a sus habitaciones.

H: ¡Hasta luego!

T: ¡Hasta luego, capitán!

Ya en su habitación, Tintín abre la ventana de par en par.

T: ¡Qué paisaje tan espléndido! De repente, suena el teléfono. Seguro que es el capitán. ¿Diga? Sí... Sí, soy yo.

Una voz: Escúcheme con atención. Hay un barco que zarpa dentro de dos horas. Le aconsejo encarecidamente que lo tome; el clima de Ischia no le conviene. Si no se anda con cuidado, incluso podría resultar perjudicial para su salud.

La voz desconocida cuelga bruscamente.

T: ¡Caray, qué antipático!... Esa voz...

Sale de la hibitación y llama a la puerta del capitán.

H: ¡Adelante!

Capítulo 13: Presentaciones

T: Acabo de recibir una llamada anónima, nos aconsejan “encarecidamente” que nos larguemos de aquí lo antes posible.

H: ¿Y cómo han sabido que estábamos aquí?

T: Ni idea, pero las noticias pueden propagarse muy rápido en la isla.

H: Pues hay que evitar a cualquier precio que la Castafiore se entere de nuestra llegada. Si no...

El teléfono suena de nuevo y el capitán descuelga.

¿Diga? Sí... ¿¿Quién??

Haddock le dice a Tintín.

H: ¡Es ELLA! ¡La Castafiore!

Haddock vuelve a conversar con ella.

H: Querida Bianca, ¡qué magnífica sorpresa! Pero, ¿cómo ha sabido que...?

Castafiore: ¡Ay, pillín! ¡Qué callado se lo tení! Irma salió a hacer unas compras cerca del muelle y, casualmente, les vio desembarcar. Tienen que venir a casa de Endaddine, capitán Karlock. ¡Es un hombre taaan adorable! ¡Le aseguro que la experiencia vale la pena!

H: No, sí... no lo dudo... Pero... Sí... Sí... De acuerdo, se lo prometo.

C: Ha tenido que irse unos días a Roma, pero a partir de mañana estará encantado de recibirles. No, no... ¡En absoluto! Los amigos de nuestros amigos son nuestros amigos, caro mio... ¡Ciao!

Haddock cuelga el teléfono.

H: ¡Uf!

T: ¡Esto lo cambia todo!

Y al día siguiente.

Un coche de plaza lleva a Tintín y al capitán hasta la villa de Akass. A su llegada, un sirviente les conduce hasta un inmenso salón donde ya se hallan congregados numerosos invitados. La Castafiore acude a su encuentro.

Castafiore: Queridísimos amigos míos, ¡carissimi!... Vengan, vengan, que les presentaré a todo el mundo...

Se adelanta en dirección a una joven elegantemente vestida que lleva unas gafas oscuras.

C: Querida, te presento al marinero señor Kapstock, viejo lobo de mar y gran amigo mío. Esta encantadora señorita es Angelina Sordi.

H: Un placer...

Se dispone a besarle la mano, pero Angelina le tiende el brazo con deselvoltura y su mano choca contra la mandíbula del capitán.

C: Angelina, cariño, ¿cómo se te ocurre pensar que un simple patrón pescador pueda hacerte el besamanos?

Mientras tanto Milú se acerca al minúsculo caniche negro de la Castafiore.

Milú: ¡Anda! ¿Y esto qué es?

Caniche: ¿De dónde ha salido este patán?

Milú: ¡Hola, guapa!

Sofocada ante semejante exceso de confianza, el caniche se aleja gimoteando.

Castafiore: ¡Tesoro mío! ¡Reina de mi corazón! ¿Qué te ha hecho ese chucho feo y maleducado, bonita mía?

Milú: ¡Qué injusticia!

El incidente se da por cerrado y se reanudan las presentaciones.

C: Este ese el señor Gibbons, tiene un negocio de importación y exportación. El señor Chicklet, director de importantes sociedades petroleras. El emir Ben Kalish Ezab, Luigi Randazzo, un cantante maravilloso al que sin duda habrá oído en muchísimas ocasiones.

H: ¡Cómo no!

C: Y Ramo Nash, a quién ya conoce.

La más reciente creación del pintor cuelga de la pared, se trata de una zeta gigantesca rodeada de una orla de zetas de pequeño tamaño.

H: ¡Genial!

En lugar de mezclarse con los demás invitados, Tintín, por su parte, se dedica a inspeccionar discretamente la estancia y observar a los criados. Todos con aspecto de gorilas.

Tintín: ¡Qué olor tan raro! Parece... parece...

La recepción termina y los invitados empiezan a abandonar la villa.

H: Bien... ¡Ejem!... Creo que ya va siendo hora de regresar al hotel.

C: Ah, no, caro mío, ¡de eso nada! Esta noche dormirán aquí...

H: Pero...

C: ¡Y no hay peros que valgan!

Castafiore hace una seña a dos sirvientes particularmente corpulentos.

C: ¡A ver, ustedes, acompañen a estos señores a sus aposentos!

Primer criado: Su habitación, signor Tintín...

Segundo criado: Y aquí la suya, signor pescatore.

Tintín y el capitán se van a la cama. En mitad de la noche, unos ruidos procedentes del exterior despiertan a Tintín, que al acercarse a las ventanas ve a tres hombres cargando una camioneta.

Capítulo 14: Revelación

T: Eso que están cargando... Juraría... juraría que son cuadros... o bastidores... Pero, ¿por qué lo harán en plena noche?

Tras ver partir a la camioneta. Tintín decide ir a explorar la villa. Armado con una linterna, va recorriendo uno a uno los pasillos de la inmensa mansión cuando, de repente, se queda inmóvil. De las paredes de una amplia sala penden varios cuadros de grandes maestros.

T: ¡Oh! ¡Un Modigliani!

Sin querer, roza la tela y se queda un poco de pintura en los dedos.

T: ¡Todavía está fresco! Y aquí hay uno más: Un Léger, un Renoir, un Picasso, un Gauguin, Un Monet. ¡Todos falsos! ¡Una verdadera fábrica de falsificaciones de obras conocidas! Me pregunto quién...

Una voz: Bonitos cuadros, ¿verdad?

Las luces se encienden. El mago Endaddine Akass. Flanqueado por sus dos guardaespaldas, se yergue frente a Tintín.

T: Eeh... Sin duda, el que los pintó tiene un talento excepcional.

Edaddine: Así es. Por cierto, usted ya lo conoce, se trata de nuestro amigo Ramo Nash. Lo del arte alfa, en realidad, es un mero pretexto, una tapadera que le permite dedicarse a copiar con tod tranquilidad los cuadros de los grandes maestros. Y reconocerá que dotes de falsificador no le faltan. En cuanto se hayan secado, estos cuadros pasarán por las manos de un experto para que los autentifique como es debido. El pobre Fourcart rechazó nuestras proposiciones, es más, incluso intentó contactar con usted para desvelarle toda la trama. En cuanto al infortunado Monastir, pretendía hacerme canta... ¡El muy infeliz!

T: ¡Usted lo quitó de en medio!

Endaddine: ¡No tuve otra opción! Y en lo que respecta a usted, joven, créame que lo lameno, pero a estas alturas ya sabe demasiado. Comprenderá que ello me obliga a liquidarle. ¿Conoce a César?

T: Eeh... ¿Qué César?... ¿Julio?

Capítulo 15: El último cuadro

E: No. César sin más. Ese escultor tan famoso que está especializado en compresiones. Mire, aquí tiene una. También realiza expansiones, como esta, por ejemplo... Pues bien lo que vamos a hacer es colar poliéster líquido encima de usted, de esta forma, se convertirá en una expansión firmada por César, y debidamente autentificada por Zolotas, experto en arte de reconocido prestigio. A continuación, lo venderemos a un museo o a un coleccionista acaudalado... ¡y listo! Alegre esa cara, hombre, su cadáver tendrá el honor de figurar en un museo. Y a nadie se le ocurrirá sospechar jamás que esta obra, a la que podríamos titular “Reportero”, es la última morada del célebre Tintín. Aproveche las horas que le quedan para reflexionar, amigo. Mañana, Ramo Nash lo transformará en un original César, ¡ja, ja, ja! ¡!A ver vosotros! Lleváoslo y encerradlo donde ya sabéis.

Un guardaespaldas apunta a Tintín con una pistola.

Guardaespaldas: ¡Andando, venga!

Tintín: ¿Y cómo demonios salgo yo de esta?

En una esquina del reducto, Tintín descubre varias cajas. Apilándolas, consigue encaramarse hasta el tragaluz, protegido por robustos barrotes de hierro.

T: ¡Socorro! ¡Auxilio!... ¡Ayuda!

Pero en algún punto del calabozo se oye la crepitación de un altavoz.

Voz: No pierdas el tiempo desgañitándote, mocoso. ¡Aquí no te va a oír nadie!

Desanimado, Tintín se acurruca en un rincón. De repente, un leve jadeo le saca de su ensimismamiento.

T: ¡Milú! Espera, voy a darte un mensaje para que se lo lleves al capitán. Al capitán, ¿lo has entendido bien?

Dicho esto, garrapatea rápidamente unas palabras en un pedazo de papel, lo dobla en cuatro y se lo tira a Milú. El papel vuelve a caer. Después de varios intentos, Milú consigue cazarlo al vuelo y huye a todo correr.

La noche pasa con una lentitud exasperante. Apenas empieza a despuntar el día, Tintín logra por fin conciliar el sueño, pero entonces llega uno de los guardasepaldas y lo despierta sin contemplaciones.

Guardaespaldas: ¡Venga, en pie! ¡Y camina! ¡Llegó la hora de convertirte en un precioso César!

_______

Bien, a partir de aquí empezamos a continuar la historia.
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Manu1693
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Re: JUEGO: Terminemos el guión/la historia de "El Arte Alfa"

Mensaje por Manu1693 » 28 Jun 2014, 00:27

Al final me han salido 155, 5 palabras de más. Me encanta este tipo de juegos, si no he respondido antes es porque he estado muy ocupado. Ahí va mi aportación:

Tintín es llevado hacia otra sala en la que se encuentran Edaddine, Ramo Nash y otro guardaespaldas más.

Edaddine: ¡Por fin llegó el gran día! Espero que haya pasado una buena noche. ¿Se encuentra preparado para convertirse en una de las obras de arte más cotizada del mundo?

Tintín: Es usted un cobarde y un mezquino. Tarde o temprano acabará en la cárcel.

E: ¿Estas son tus últimas palabras? Me esperaba más de mi viejo adversario…

T: ¿Cómo?

E: ¡Jajaja! ¡No me puedo creer que el gran Tintín no se haya dado cuenta! Esta no es la primera vez que nos encontramos…

De repente se escucha un ladrido que sorprende a los allí presentes. Edaddine se dirige a uno de sus guardaespaldas y le dice:

E: Ve fuera a mirar. Creo que ya han llegado los refuerzos de este pequeñajo.

Guardaespaldas: Sí, señor.

El guardaespaldas, cumpliendo la orden de Edaddine, sale a revisar la zona.

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Nao_CFH
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Re: JUEGO: Terminemos el guión/la historia de "El Arte Alfa"

Mensaje por Nao_CFH » 10 Sep 2016, 02:49

E: Bien, ¿por dónde íbamos...? ¡ah sí! vamos a empezar con el proceso de... digamos... "elaboración" de una obra artística. Ya sabe usted que la creación de lo que entendemos por arte parte de un proceso bastante tedioso y laborioso, pero no se preocupe, he descubierto una manera de aligerar el proceso. Pronto va a sentir lo que es ser admirado y estudiado como una gran obra de arte. ¿No es un gran día para estar contento?

T: ¡Está completamente loco! ¿No se da cuenta que no tiene escapatoria? Sus delirios mentales le acabarán poniendo entre rejas más pronto que tarde, es solo cuestión de tiempo. Ya ha jugado bastante... ríndase y no alargue más esta locura.

Al escuchar las palabras de Tintín el rostro de Endaddine se vuelve más serio:

E: ¿Ha acabado? ¿Sabe qué? estoy pensando que quizás debería matarle aquí ahora mismo. Tal vez no me sirva para la elaboración de una obra de tal calidad. ¿Así que sabe qué?

Endaddine saca una pistola de su bolsillo derecho y apunta con ella directamente al pecho de Tintín.

E: Va a tener la gran suerte de que yo mismo le mate. Aunque primero empezaremos con una pequeña "ceremonia" previa al momento en el que finalmente le arrebate la vida, todo esto mientras contempla la grandiosidad del gran Endaddine Akass. Así que... ¡arrodíllate ante mí!

T: ¡Nunca! ¡Jamás me arrodillaría ante un ser tan deleznable usted!

En ese momento Endaddine hace un gesto al otro hombre que está con ellos en la sala y este le propina una patada en la pierna a Tintín el cual cae de rodillas al suelo:

E: ¿Lo ve? ¿ve lo que provocan sus impertinencias y malas formas? ¡Ay mi querido Tintín! usted nunca aprenderá, ¿verdad? que pena que tenga que matarle siendo usted tan joven.

T: Máteme pero no tardarán en dar con usted.

Endaddine apunta a la cabeza de Tintín mientras este cierra los ojos mirando hacia el suelo:

E: ¿Unas últimas palabras antes de morir, jovenzuelo?

Tintín permanece mudo durante unos segundos. Endaddine retira el seguro a la pistola mientras vuelve a apuntar a la cabeza de Tintín.

E: Vamos allá... Adelante con sus últimas palabras mi querido Tintín. No pierda usted esta oportunidad única que le estoy danto.

Tintín continúa sin articular palabra durante unos segundos hasta que finalmente habla:

T: Amistad y amor... Ahora el cielo es una nueva aventura...

A los pocos segundos se oye un ruido seco y Tintín cree que es la pistola de Endaddine que se ha disparado y ha acabado finalmente con su vida. Pero de repente nota que algo raro ha pasado, abre los ojos y ve a Endaddine con las manos juntas y la pistola sostenida entre medio del antebrazo izquierdo y el pecho.

E: Jajajaja. ¡Qué susto se ha llevado, mequetrefe! ¿Desde cuándo le asusta tanto que alguien aplauda con las manos? JAJAJAJAJA

Tanto Endaddine como el otro hombre no pueden parar de reírse al ver la cara de sorpresa de Tintín.

E: Jajaja... Me acaba usted de demostrar que realmente sí me sirve para que pueda usarlo como parte de mi creación artística. Es usted una persona muy valiente, eso le dará un toque muy distintivo a la obra que tengo en mente. Sin duda es usted realmente valioso Sr. Tintín. Así que no perdamos más tiempo y empecemos ya con el proceso de... "creación" de una verdadera obra de arte.

Mientras tanto fuera Haddock intenta averiguar la manera de que él y los que le acompañan puedan rescatar a Tintín sin poner en riesgo su vida.
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