OBJETIVO: RASTAPOPOULOS 2 (Provisional)

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OBJETIVO: RASTAPOPOULOS 2 (Provisional)

Mensaje por zafiret » 27 Feb 2019, 20:18

CAPITULO UNO

“DESAPARECE LA GRANDIOSA CANTANTE BIANCA CASTAFIORE.
La mundialmente reconocida cantante italiana de ópera ha desaparecido en Quèbec, donde tenía programadas tres exhibiciones dentro del marco de la “Fête de la Saint-Jean”.
La primera exhibición se llevó a cabo con un éxito rotundo en el “Théâtre Jeunesse Les Gros Becs”. Cuando la diva entonó su pieza más aclamada, el “Aria de las Joyas” de Fausto, el público asistente se puso en pie para ovacionarla durante doce minutos consecutivamente.
Tres días después debería haber tenido lugar su siguiente exhibición, que iba a ser privada para distintas personalidades del mundo de la música, de la política y de la sociedad Canadiense. Bianca Castafiore y sus acompañantes se hospedaban en “Le Château Frontenac”, en cuyos salones se iba a celebrar el recital, que ha tenido que ser suspendido debido a la ausencia de la inimitable diva.
El Ruiseñor Milanés, artista muy metódica con sus planes de trabajo, no se presentó a su ensayo vespertino con su pianista, el señor Igor Wagner. Su asistente, la señorita Irma, dio la voz de aviso y desde ese momento no se ha vuelto a tener noticias de ella”.


El profesor Tornasol se sobresaltó al leer la noticia de la desaparición de Bianca Castafiore. Salió de la sala de lectura del castillo y comenzó a buscar al capitán Haddock. Recorrió Moulinsart sin encontrarlo hasta que giró una esquina y chocó con Néstor, que estaba pasando el plumero a los cuadros del pasillo.
-Néstor, ¿sabe dónde está el capitán?
-Creo que ha salido a pasear.
-¿Que está detrás?
El profesor Tornasol se giró y no vio a nadie.
-¿Detrás de dónde? Aquí no está… Espero, que no le oigo bien…
Recogió del suelo su aparato y se lo puso en el oído para entender lo que le decía Néstor.
-Le digo que ha salido a pasear un rato.
-¿A pescar un pato? Néstor, no tengo tiempo para bromas. Necesito encontrarle. Mire esto…
Le dio el diario y Néstor leyó la noticia.
-¿Qué me dice ahora? Es muy urgente…
-A ver, profesor… Quítese mi plumero del oído y póngase su trompetilla, que se le ha caído del bolsillo…
-Oh, perdone… ¡Que despiste! Con el choque que hemos tenido ha debido caerse y me he confundido. A ver… ahora sí… Dígame, ¿dónde está el capitán?
-Por el bosque.
-¿Que lo busque? ¡Pues eso estoy haciendo! Y en el castillo no está, así que voy a buscarlo por el jardín.
Dio media vuelta visiblemente enfadado y se fue por el pasillo. Néstor se quedó de pie viendo cómo se alejaba. Segundos después se escuchó el portazo de la entrada principal. Por la ventana pudo ver al profesor andando por el camino del jardín llamando a gritos al capitán Haddock. Ya se había acostumbrado a la “dureza de oído” de Tornasol, por lo que continuó pasando el plumero como si nada hubiera pasado.
Unos minutos más tarde se escuchó de nuevo la puerta de la entrada principal. El profesor, con el cuello y la cabeza completamente rojos, le hablaba airadamente al capitán Haddock, quien hacía cara de no entender nada.
-El mundo ya no respeta a nadie… imagínese como debe estar… a saber dónde la tendrán… no podrá cuidarse ese regalo que la vida le ha dado… una catástrofe… su delicada piel tirada por los suelos…
-Párese ya, profesor chiflado… ¡Mil rayos! ¿Qué no ve que no le estoy entendiendo nada? Respire… respire hondo…
-… ¿y si se resfría?... pues hay que hacer algo… ahí no dice nada de rescate… ¿y si se ha perdido?... yo creo que…
-¡¡¡Pare!!! ¡¡¡¡Relájese!!!!
Néstor acudió al rumor de los gritos. Se encontró al capitán y al profesor cara a cara fuera de sí, el uno reclamando tranquilidad a gritos y el otro en estado de shock sin dejar de parlotear frases sueltas sin aparente sentido.
Intentó interceder entre ellos pero era imposible. Salió de la sala y volvió a los pocos minutos con una bandeja y cuatro vasos, todo de plata. Cogió fuerzas y estampó la bandeja contra el suelo con todas sus fuerzas. Ambos, capitán y profesor, se callaron en el acto debido al susto por el estruendo.
-Por favor, ¿serían tan amables de calmarse ambos? Tenga capitán, lea esto y entenderá lo que intenta decirle el profesor Tornasol.
Los dos se miraron sorprendidos. Néstor le dio el diario a Haddock y después se puso a recoger la bandeja y los vasos.
-Rayos y truenos… ¡esto es inadmisible!
-Lea, lea… ¿Lo ve? Es lo que yo le decía…
-Esto no puede quedar así, es increíble lo que pone aquí.
-Sí, es increíble… Hay que hacer algo…
-Y tanto que lo voy a hacer… ¡Y ahora mismo! Voy a llamar a ese panfleto sensacionalista de poca monta para que le llaman la atención al juntaletras inconsciente que ha escrito semejante batería de barbaridades… ¿Grandiosa cantante? ¿Mundialmente reconocida?... ¿¡¡¡Diva!!!? Madre mía, pero si hasta dice que el "Aria de las Joyas" es su pieza más aclamada… Querrá decir su pieza más “reclamada”… ¡reclamada por la policía para torturar a los delincuentes!
-Eso digo yo, que seguro que al tratarse de una mujer grandiosa esos delincuentes la están torturando. Y yo también estoy seguro de que reclamaran por ella un rescate o algo. Me alegra que coincidamos. Tenemos que llamar a la Interpol o a Hernández y Fernández…
-No, yo no he dicho eso…
-Ah, que ya lo ha hecho… Es usted muy generoso, capitán. No sé porque creía que usted no le tenía un especial afecto a Bianca Castafiore, sobre todo desde que sucedió todo aquel asunto de las joyas en las que llegó a rumorearse que estaban ustedes comprometidos. Me alegro al comprobar que estaba equivocado.
-¡Que no es eso!
-¿A Néstor? Vale, yo le aviso. Y que les vuelva a llamar ya…
Silvestre Tornasol se dirigió hacia la puerta de la sala para ir a buscar a Néstor. El capitán se quedó perplejo ante lo que acababa de suceder. Antes de que Silvestre saliese dejó escapar una interjección en forma de lamento.
-En fin…
Tornasol se detuvo y se giró de nuevo hacia el capitán antes de salir al pasillo.
-¿Cómo dice? ¿Tintín? Sí, mejor que le llamemos a él.
Salió dando un sonoro portazo. El capitán tenía los ojos como platos. ¿De verdad había oído el profesor su lamento desde la puerta, a la otra parte de la sala? Por un momento se le pasó por la cabeza que Silvestre Tornasol se había amparado en su sordera para conseguir lo que quería, que no era otra cosa que ayudar a la Castafiore.
-No puede ser, él no tiene esa picaresca…
Tal vez hubiese pensado de manera diferente si hubiera visto la sonrisa con la que se alejaba Tornasol por el pasillo.
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Re: OBJETIVO: RASTAPOPOULOS 2 (Provisional)

Mensaje por zafiret » 01 Mar 2019, 10:18

CAPITULO DOS

Hernández y Fernández estaban sentados frente a una mesa. Multitud de fotografías desordenadas, papeles e informes cubrían totalmente la superficie de metal. Frente a ellos, medio oculto en la sombra, el teniente Bellier conversaba sobre la conveniencia o no de movilizar a la Interpol.
-Está claro que hay que hacerlo, pero tenemos que ser muy cautos. Un paso en falso y se iría todo al traste.
-Yo aún diría más, tenemos que ser extremadamente cautos.
-Detectives, las pruebas son concluyentes. Los fotógrafos de prensa captaron varias imágenes en las que se distingue perfectamente al doctor Jacobs entre el público durante el primer recital que Bianca Castafiore dio en el “Théâtre Jeunesse Les Gros Becs”.
-Esa es la única certeza que tenemos. Pero como sabemos que Roberto Rastapopoulos y Germaine Kieckiens desaparecieron hace dos años a la vez que el doctor Jacobs…
-… es muy probable que estuvieran juntos. Y si la buena de Bianca Castafiore hubiese reconocido a Rastapopoulos...
-Detectives, ¿ustedes piensan realmente que si Bianca Castafiore hubiera reconocido a Roberto Rastapopoulos, la mejor manera de pasar desapercibido hubiera sido llevar a cabo un secuestro? Así, lo único que han conseguido es que focalicemos las miradas en Quèbec…
-A ver, no creo que ellos sospechen que estamos de nuevo tras su pista. Simplemente tendrían miedo a que Bianca les delatara y decidieron quitarla del medio.
- Y yo todavía…
-Detective Fernández, por favor…
-Soy Hernández…
-Bueno, da igual… Hernández…
En ese momento se abrió la puerta de la oficina e irrumpió con ímpetu Jan Karaboud, antiguo contramaestre del barco de lujo “J. J. Gran” y ahora detective junto con Hernández y Fernández.
-Compañeros, he averiguado algo más. Estoy en contacto con la “Sûreté du Quèbec” y han podido identificar al doctor Jacobs. En el registro del hotel consta como el señor Blumenstein.
-¿Blumenstein? Vaya, vaya… Así que lleva dos años haciendo vida normal en Canadá bajo otra identidad…
-Efectivamente, teniente Bellier. Pero no ha cambiado su rostro. Y sospechamos que Rastapopoulos tampoco lo habrá hecho, porque de ser así no lo hubiera reconocido Bianca Castafiore.
-Detective Karaboud, envíe a la Sûreté fotos de Roberto Rastapopolos y de Germaine Kieckiens para ver si los reconocen. Detectives Hernández y Fernández, creo que vamos a tener que desplazarnos a Quèbec.
-Contábamos con ello.
-Sí, contábamos con ello y Tintín debe estar viniendo ahora mismo hacia aquí desde Grecia.
-Grecia, patria de Rastapopoulos… Veo que sigue buscando justicia para Alain Boullu…
-No ha dejado de buscarle desde que se escapó por última vez. Y no dejará de hacerlo hasta que consiga meterle entre rejas.
-Yo todavía diría más, hasta que consiga meterle entre rejas nunca dejará de buscarlo.
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Re: OBJETIVO: RASTAPOPOULOS 2 (Provisional)

Mensaje por Bigtwin1000 » 02 Mar 2019, 01:41

amigos_ amigos_ amigos_

La pobre Castafiore tintín_

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Re: OBJETIVO: RASTAPOPOULOS 2 (Provisional)

Mensaje por zafiret » 02 Mar 2019, 10:56

CAPITULO TRES

“Le Château Frontenac” era un majestuoso hotel de lujo que llevaba haciendo las delicias de sus huéspedes desde finales del siglo XIX.
A la recepción se acercaron dos personas vestidas con traje negro y sombrero. Hicieron sonar la campanilla y en unos segundos estaban siendo atendidos por el personal del hotel.
-Buenos días. Queríamos hablar con el dueño del establecimiento.
-Claro. Un minuto, debo preguntar a Monsieur Fairmont si está disponible para recibir visitas. Disculpen, ¿a quién debo anunciar?
-Somos el teniente Delcourt y el inspector Karaboud.
-Perfecto. Vuelvo en seguida.
El inspector Jan Karaboud paseó por el magnífico hall de entrada mientras esperaban noticias del empleado del hotel. Él nunca se había visto cara a cara con Rastapopoulos y podía andar tranquilamente entre los huéspedes sin levantar sospechas. No tuvo tiempo se salir al exterior porque el teniente Delcourt reclamó su presencia.
-Monsieur Fairmont les atenderá ahora mismo. Por favor, síganme.
Entraron al despacho. Allí se encontraron con un señor de unos cincuenta y tantos años con el pelo blanco. Se dirigió a ellos en un perfecto francés.
-Buenos días, señores. Pasen, pasen… Esperaba su llegada ayer.
-Buenos días, Monsieur Fairmont. Sí, tuvimos una complicación con el vuelo y no pudimos avisarle del retraso. Somos el teniente Delcourt y el inspector Karaboud.
-No pasa nada. Encantado.
Estrecharon sus manos y se sentaron frente a la mesa.
-Bien, estará al corriente de lo importante que es la discreción en todo este asunto.
-Sí, detective. Ya me lo dijeron por teléfono los detectives Hernández y Fernández. Es más, me lo repetían ambos constantemente, cada cosa que decía uno la recalcaba a continuación el otro.
-Sí, bueno… Es que son muy… muy… metódicos, podríamos decir. Prefieren reiterar las cosas varias veces para que queden claras. En breve los conocerá, en pocos días estarán ellos por aquí también.
-Recibí su envío con las fotos de los sospechosos. Como le comenté por teléfono, no tenemos ningunos huéspedes alojados que respondan al nombre de Roberto Rastapopoulos o Germaine Kieckiens.
-Cosa lógica tratándose de dos personas que están huyendo de la justicia…
-Efectivamente, teniente. Pero desde el primer momento en el que vi las fotos no me quedó la menor duda. Él no lleva ni bigote ni monóculo y luce un bonito cabello moreno que repeina constantemente… Y ella tiene una larga melena pelirroja… Pero son ellos, estoy seguro. Han estado aquí hospedados con los nombres de Nick y Fanny Rodwell. Llegaron hace algo más de dos años queriendo alquilar la suite presidencial durante un tiempo indefinido. Accedimos a su petición y siempre han sido tratados como huéspedes de honor. Nunca hemos tenido el más mínimo problema con ellos. Esporádicamente abandonaban su suite y volvían un par de semanas después, pero abonaban las cantidades por anticipado para que les guardásemos sus pertenencias y no alquilásemos la habitación durante su ausencia.
-Ha dicho que han estado aquí hospedados… ¿Ya no lo están?
-Pues no… Hace unos diez días que abandonaron el hotel súbitamente. Abonaron todo lo que adeudaban y se marcharon. De hecho, lo hicieron a la vez que el señor Blumenstein.
-Vaya, vinieron juntos y se fueron juntos.
-Sí, pero el señor Blumenstein no vivía aquí. Él solía personarse aquí con mucha frecuencia para reunirse con los señores Rodwell, pero iba y venía constantemente. Siempre alquilaba una habitación preferente. De hecho, me llamó la atención que la última vez que vino se hospedó con su esposa.
-¿Le llamó la atención? ¿Por qué le llamó la atención?
-Le explico, teniente Delcourt. Tuve la suerte de cruzarme con los señores Blumenstein justo cuando abandonaban el hotel y ella ni siquiera podía andar. Iba en una silla de ruedas que empujaba su marido y no era capaz de articular palabra alguna. Me comentó su esposo que ella sufre una grave enfermedad degenerativa. ¡Qué triste!
-¿Pudo verle la cara a la señora Blumenstein?
-No, teniente. Llevaba puesta una enorme pamela que le protegía el rostro del sol.
Jan Karaboud y el teniente Delcourt se miraron.
-¿Podría decirnos la fecha exacta en la que los señores Blumenstein abandonaron su hotel?
-Por supuesto. Permítanme que haga una llamada.
Llamó por teléfono a la recepción del hotel y rápidamente le contestaron a su pregunta.
-Se marcharon el dos de marzo por la mañana.
El detective Karaboud miró al teniente Delcourt y pronunció unas palabras que helaron la sangre de Monsieur Fairmont.
-Y se avisó del secuestro de Bianca Castafiore el mismo día dos por la noche…
-¿Y no le llamó la atención esta coincidencia, señor Fairmont? ¿Por qué no le dijo nada a La Sûreté?
-Yo no podía imaginarme que… Los señores Rodwell eran nuestros mejores huéspedes y… se fueron junto con los Blumenstein y…
No hizo falta decir nada más. Con total seguridad, la supuesta señora Blumenstein debía ser Bianca Castafiore narcotizada.
Se habían anticipado de nuevo, pero no todo estaba perdido.
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Re: OBJETIVO: RASTAPOPOULOS 2 (Provisional)

Mensaje por Chester » 03 Mar 2019, 13:01

aplausos_ aplausos_ aplausos_ aplausos_

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Hasta pronto
¡Fidji…! ¡Fidji…! ¡Fidji…! ¡Buldú, buldú, buldú! ¡Aya, aya, ayayaaa!

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Re: OBJETIVO: RASTAPOPOULOS 2 (Provisional)

Mensaje por Bigtwin1000 » 03 Mar 2019, 13:09

leyendo_:

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Re: OBJETIVO: RASTAPOPOULOS 2 (Provisional)

Mensaje por zafiret » 03 Mar 2019, 17:37

CAPITULO CUATRO

El teniente Delcourt pensaba que dos años era tiempo más que suficiente como para que Rastapopoulos hubiese bajado la guardia al creer que con su astuto plan de fuga había conseguido poner tierra de por medio con la justicia. Estaba convencido de que habría establecido su nuevo centro de operaciones en Quèbec o en algún lugar cercano. Dos años viviendo allí daban para que se hubieran creado ciertos vínculos entre ellos y su entorno. Tenían que investigar a los Rodwell y averiguar todo lo que pudieran sobre ellos.
Tardaron apenas un par de días en recopilar información sobre los tres sospechosos, pero la investigación de todos los agentes de La Sûreté les planteó un panorama muy poco revelador.
Nick Rodwell resultó ser un millonario empresario británico que se dedicaba a la exportación internacional de obras de arte. Años atrás, gracias a su visión empresarial y a su carácter emprendedor, adquirió una galería de arte en Francia. Su anterior dueño, un experto en arte llamado Fourcart, había fallecido en un trágico accidente de tráfico y nadie parecía querer hacerse cargo del negocio. Junto con la propiedad de la galería también adquirió los derechos sobre los trabajos del artista jamaicano Ramo Nash y se hizo mucho más rico vendiendo sus obras de Arte-Alfa en todo el mundo. Poseía propiedades muy valoradas en ciudades tales como Bruselas, Klow, Valencia, París, Santorini, El Cairo, Amberes, Ischia, Nueva York, Alcazarópolis, Zúrich, Milán o Pekín.
Tenía cientos de contactos en los cuatro continentes, si bien es cierto que ninguno de sus clientes trataba directamente con él. Todos los asuntos referentes a la galería de arte los llevaba su mano derecha, la señorita Martina Vandezande, una joven francesa que ya trabajaba anteriormente con el señor Fourcart, al que consideraba como un padre para ella.
En cuanto a su aspecto, nada de nada. Ni una foto en la prensa, ni una aparición pública… nada. Eso sí, las personas que habían convivido con él durante los dos últimos años en Quèbec le reconocían en la foto de Rastapopoulos.
El nombre de Fanny Rodwell no les llevaba a ninguna parte. Mucho más discreta que su marido en cuanto a sus actividades, apenas podían relacionarla con algunos actos benéficos para ayudar al desarrollo de hospitales en zonas poco desarrolladas. Y poco más. También a ella la reconocían en la foto de Germaine Kieckiens.
La opción Blumenstein era la más confusa y abierta de todas. Monsieur Fairmont les había facilitado un registro detallado sobre todas las visitas que había hecho el doctor Jacobs a “Le Château Frontenac”. Tenían que investigar todos sus movimientos, más si cabe sabiendo que fue él quien se llevó a Bianca Castafiore del hotel.
El señor Blumenstein resultó ser un abogado norteamericano con residencia en Nueva York que se dedicaba a asesorar a gente con dinero. Entre sus clientes más destacados se encontraba Nick Rodwell, de ahí sus continuas visitas a “Le Château Frontenac”. La poca gente con la que pudieron hablar sobre él lo calificaba por igual como ángel y demonio. “Podías odiarlo o quererlo, pero no dejaba indiferente a nadie”, esa era la frase con la que lo describió uno de sus clientes. Indagando sobre su vida personal descubrieron… ¡que no tenía vida personal conocida! Aunque la versión más repetida sobre él por sus clientes era que su esposa había fallecido hacía muchos años, cosa que respaldaba la teoría de que la persona que vio Monsieur Fairmont en la silla de ruedas podía ser Bianca Castafiore.
Y todavía quedaba por aclarar otro asunto importante que se había destapado en la última semana y que podía tener relación con todo lo sucedido en Quèbec. Cuando la noticia del secuestro de la diva milanesa llegó a Moulinsart, el capitán Haddock y Silvestre Tornasol se pusieron en contacto rápidamente con Hernández y Fernández. Ellos se habían encargado de localizar a Tintín a través del periódico en el que trabajaba. Estaba en Grecia investigando un caso de extorsión mafiosa. Habían conseguido hablar con él y ponerle al corriente de todo lo que había sucedido. La última noticia que tenían de Tintín era que iba a desplazarse a Bruselas para reunirse con Bellier. Pero él tampoco llegó. Nadie sabía dónde podía estar. ¿Otro secuestro? La duda planeaba sobre todos, Tintín nunca fallaba a sus amigos.
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Re: OBJETIVO: RASTAPOPOULOS 2 (Provisional)

Mensaje por nowhereman » 04 Mar 2019, 08:55

Genial iniciativa aplauso_ leyendo_:
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Re: OBJETIVO: RASTAPOPOULOS 2 (Provisional)

Mensaje por zafiret » 04 Mar 2019, 10:13

CAPITULO CINCO

Las historias que se habían inventado los tres tenían bases muy sólidas, aunque algunas más que otras por diferentes motivos.
La de Rastapopoulos como Nick Rodwell era perfecta porque debió tratarse de una toma de identidad de algún personaje ficticio que ya había utilizado anteriormente. Los indicios que iban encontrando sobre él eran mucho anteriores a los dos últimos años, obteniendo testimonios incluso de quince años atrás. Posiblemente se creó esta falsa identidad hacía mucho tiempo para traficar internacionalmente y la tomó definitivamente en Quèbec cuando le fue necesario hacerlo. O quien sabe si ésta era su verdadera identidad y Roberto Rastapopoulos sólo era algún personaje creado para delinquir sin involucrar su legítimo nombre.
La de Germaine Kieckiens como Fanny Rodwell también era perfecta, pero por todo lo contrario que la de Rastapopoulos. No había nada de ella anterior a los dos últimos años. Era una perfecta desconocida con poco protagonismo social y que vivía al amparo de su multimillonario marido.
La de Pierre Jacobs como el señor Blumenstein sí que dejaba algunos interrogantes porque sólo se tenía constancia de clientes suyos durante los dos últimos años, poco bagaje para el que se supone que era uno de los más reputados asesor neoyorquino para gente pudiente. Antes de eso… nada de nada.
Todos los caminos por los que transitaban parecía que no les llevaban a ninguna parte, pero aún les quedaba una vía de investigación.
Como “Le Château Frontenac” era un hotel de lujo, tenía un servicio de chófer privado y llevaban un estricto control de todos los viajes que se realizaban. Monsieur Fairmont les había facilitado al inspector Karaboud y al teniente Delcourt los datos de los seis conductores que trabajaban habitualmente para el hotel. Los desplazamientos que realizaba el matrimonio Rodwell solían ser trayectos cortos a Quèbec y Montreal o trayectos de media distancia hasta Toronto, pero siempre aparecían los mismos conductores asociados a ellos: Yves Rodier y Samuel Champlain.
De entrada descartaron a Samuel Champlain, puesto que apenas les había servido media docena de veces mientras que el joven quebequés Yves Rodier tenía más de noventa desplazamientos acreditados.
Hablaron con Monsieur Fairmont sobre Yves Rodier.
-¿Yves Rodier? Es un gran chico. Conozco a sus padres. Ellos son de Farnham, a 300 kilómetros de Quèbec, pero viven a quince minutos de aquí, en el barrio de Sainte Foy.
-Hemos comprobado que él se encarga casi exclusivamente de efectuar los desplazamientos de los Rodwell.
-Desconozco ese dato, pero es muy probable. Al señor Rodwell le gusta que sean siempre las mismas personas de su total confianza dentro del hotel las que se encarguen de sus asuntos. Me imagino que hará lo mismo fuera de aquí.
-¿Sabe cuándo estará por aquí el señor Rodier?
-Pues curiosamente se ha cogido unos días libres para tratar asuntos personales. Suele hacerlo con bastante frecuencia, sus padres tienen una salud delicada y él los cuida. Es muy formal, luego siempre recupera el tiempo libre que se coge.
-Si nos pudiera facilitar la dirección completa de su casa… Nos gustaría hablar con él.
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Re: OBJETIVO: RASTAPOPOULOS 2 (Provisional)

Mensaje por zafiret » 05 Mar 2019, 13:22

CAPITULO SEIS

Seguían sin tener noticias. El capitán Haddock había contactado directamente con el periódico para el que trabajaba Tintín pero allí tampoco sabían dónde podía estar. Hernández y Fernández habían salido hacia Canadá para hacerse con el control de la operación mientras Bellier intentaba investigar sobre los últimos movimientos que pudo hacer Tintín desde que salió de Grecia, si es que llegó a hacerlo.
Visitó el hotel en el que se había hospedado, según su periódico, pero allí le dijeron que lo había abandonado voluntariamente. Cuando se disponía a salir de allí escuchó el ladrido lastimero de un perro. Se giró instintivamente y vio a Milú acostado bajo un banco frente a la entrada. Le silbó y le llamó por su nombre. Milú levantó las orejas y salió corriendo hacia el teniente Bellier.
-Hola, chico. ¿Sabes dónde está Tintín? Llevamos días buscándolo…
Milú le tiró de la pernera del pantalón y le llevó hasta la calle, a una plaza de aparcamiento. En el suelo había unas marcas de neumáticos, como las que deja un coche cuando arranca a gran velocidad. Comenzó a gruñir. Bellier lo cogió en brazos.
-Vaya, así que fue éste el último lugar en el que vistea a tu dueño…
Tenía una pista de Tintín, pero no le llevaba a ningún sitio. Siguió buscando. Peinó todos los hospitales y dejó abierto el contacto con la Gendarmería Griega. Allí sí que tenían constancia de su llegada al país pero no de que hubiese cogido ningún vuelo para abandonarlo. También había rastreado una posible salida en barco, cosa que era menos probable pero que debía ser tenida en cuenta. De momento seguía sin haber rastro alguno de Tintín, era como si se hubiera esfumado. Definitivamente se trató la situación como una desaparición a todos los efectos.

Mientras tanto, en la otra parte del mundo Jan Karaboud y el teniente Delcourt se habían desplazado hasta el barrio de Sainte Foy para hablar con Yves Rodier. Llegaron a la dirección que les habían facilitado en el hotel y llamaron a la puerta. Salieron a recibirles un caballero y una señora de avanzada edad.
-Buenos días. Soy el teniente Delcourt y este es mi compañero, el detective Karaboud. Queríamos hablar con Yves Rodier.
-Buenos días, agentes. Yo soy Greg y ella es Yvette, mi esposa. Yves es nuestro hijo, pero no se encuentra en casa. ¿Podemos ayudarle nosotros?
-Verán, queríamos hablar con él sobre un cliente suyo del hotel, Nick Rodwell.
-Oh, sí… el señor Rodwell. Es un hombre muy generoso, ¿verdad Greg?
-Claro que sí, Yvette. Pero pasen, pasen… Podremos hablar más tranquilamente sentados frente a una mesa y degustando una deliciosa cerveza Moosehead.
Eran dos personas entrañables. En todo momento estaban cogidos de la mano y se notaba que eran un matrimonio muy unido. Su voz, calmada y serena, invitaba a confiar en ellos. No dudaron en aceptar su ofrecimiento. Cruzaron la casa y salieron a un jardín trasero. Allí se sentaron cómodamente en unos sillones de mimbre.
-Ustedes dirán…
-Pues queríamos saber la relación que pudiera tener su hijo con el señor Rodwell.
-Pues verán… Mi hijo tiene muy buena mano para dibujar. Siempre ha sido su hobby, desde muy pequeño era capaz de hacer desde un paisaje realista hasta un retrato. Hace unos años se presentó a un concurso local aquí en Quèbec. Dibujó nuestros rostros, primero tal como somos y después nuestras caricaturas. ¿Te acuerdas, Yvette?
-Ya lo creo que me acuerdo, ganó el primer premio. Le dieron cien dólares y una beca para asistir durante tres meses a unas clases impartidas por el gran artista Richard Montpetit. Disfrutó mucho del premio.
-Y su arte también llamó la atención de un ilustrador de prensa local. Allí mismo, nada más recoger el premio, habló con Yves para ofrecerle hacer colaboraciones esporádicas. Aceptó sin dudarlo, puesto que era un quehacer que podía compaginar con su trabajo en el hotel.
-¿Y en qué punto de esta historia aparece el señor Rodwell?
-Le cuento. Nuestro hijo alternaba sus colaboraciones en el periódico con una historia tipo cómic que estaba dibujando, un relato sobre un reportero belga que se veía envuelto en un asunto ilegal de contrabando. Cuando terminó el cómic y nos lo enseñó… Es muy bueno, aunque quede mal que lo diga su padre.
-Que no te quepa duda, Greg… El cómic es muy bueno, lo dice también su madre.
Los cuatro rieron ante la respuesta de Yvette Rodier.
-La cuestión es que Yves necesitaba financiación para poder publicarlo y comenzó a hacer servicios fuera del hotel para ganarse un dinero extra. Utiliza nuestro coche, porque es muy grande y ya no le damos uso.
-Y supongo que aquí entra en juego Nick Rodwell…
-Efectivamente. Nuestro hijo es un chico muy educado y noble. Comenzó haciendo viajes cortos con el señor Rodwell y él quedó encantado con Yves. Un día le propuso que se convirtiera en su chófer particular tanto fuera como dentro del hotel. Le prometió un buen dinero por cada viaje largo que tuvieran que realizar. Era lo que iba buscando nuestro hijo, quien aceptó casi de inmediato. Desde entonces suelen hacer viajes fuera de Quèbec de forma esporádica, siempre pidiendo permiso en el hotel. Suelen hacer viajes de ida y vuelta en el mismo día, pero a veces se van y regresan al día siguiente.
-Yves está muy contento. Gracias a la generosidad del señor Rodwell consiguió publicar su primer cómic y ahora está terminando el segundo.
-¿Saben ustedes adónde solían viajar su hijo y el señor Rodwell cuando salían de Quèbec?
-Ni idea. Como le he dicho, nuestro hijo es muy noble… y discreto.
-Inspectores, ¿ha sucedido algo con Yves?
-No se preocupe por su hijo, señora Rodier. Estamos tratando de encontrar al señor Rodwell.
-Pues hace casi dos semanas que hicieron el último viaje. De hecho, éste se alargó más de lo normal y estuvieron tres días fuera. Cuando Yves volvió se incorporó normalmente al trabajo en el hotel.
-Pero ahora dicen ustedes que no se encuentra en casa… Y en el hotel nos han dicho que se ha tomado unos días libres.
-Sí. Hace una semana nos dijo que el señor Rodwell le había comunicado que ya no necesitaría más sus servicios porque volvía a su casa. Él se quedó un poco sorprendido, porque estaba a punto de terminar su segundo cómic y tenía intención de publicarlo también. Pero el señor Rodwell volvió a dar muestras de su infinita generosidad y le financió con mil doscientos dólares para que terminara su trabajo.
-Vaya, vaya…
-Yves se cogió unos días de permiso para terminar el cómic y llevarlo a la editorial. Ahora mismo no se encuentra en casa porque ha salido hacia allí para entregar las últimas láminas. No tardará en volver.
-Si les parece, vamos a dejarles nuestra tarjeta. Estamos hospedados en “Le Château Frontenac”. Le agradeceríamos que se pusiera en contacto con nosotros.
-Así lo haremos.
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zafiret
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Re: OBJETIVO: RASTAPOPOULOS 2 (Provisional)

Mensaje por zafiret » 06 Mar 2019, 10:56

CAPITULO SIETE

Hernández y Fernández llegaron a “Le Château Frontenac”. Por orden de Monsieur Fairmont les alojaron en la suite que ocuparon en su día Roberto Rastapopoulos y Germaine Kieckiens. Un poco más tarde llegaron el teniente Delcourt y Jan Karaboud tras hablar con los padres de Yves Rodier. Todos se reunieron en la suite para ponerse al día sobre las distintas investigaciones que tenían abiertas.
La vía de los tres personajes ficticios no les había llevado a ningún lugar y estaba agotada. Pero tenían esperanzas en el testimonio del chófer. Eran casi las seis de la tarde cuando les avisaron de que Yves Rodier había llegado al hotel, atendiendo a la petición del teniente Delcourt.
-Buenas tardes. Somos los detectives Hernández y Fernández.
-Yves Rodier. Encantado.
-Bien… Nuestros compañeros han estado esta mañana en su casa para hablar con usted sobre su relación laboral con Nick Rodwell.
-Sí, ya me han puesto al corriente mis padres. ¿Qué es lo que deseaban saber?
-Necesitamos saber adónde lo llevaba usted cuando le solicitaba hacer un viaje de larga distancia.
-Cuando el señor Rodwell me contrataba fuera de los servicios del hotel era casi siempre para que le llevara a Halifax, una ciudad portuaria de la provincia de Nueva Escocia. Me pagaba muy buenos honorarios y jamás pensé que aquello fuese algo ilegal, simplemente me ganaba un dinero extra haciendo mi trabajo.
-Disculpe, señor Rodier. No estamos interrogándole por su trabajo extraordinario. El único motivo de nuestra conversación es Nick Rodwell, no usted.
-¿El señor Rodwell? Es una persona muy buena, siempre me ha tratado muy bien y ha confiado en mí para ejercer de su chófer particular.
Le dejaron la foto de Rastapopoulos sobre la mesa y le dijeron que la mirara.
-¿Reconoce a esta persona?
-Claro… Bueno, más o menos… Es el señor Rodwell, pero parece más mayor… Le sobra el bigote y le falta pelo. Pero es él.
-Este hombre de la fotografía es un peligroso traficante y un criminal asesino que está buscado en más de medio mundo.
-Yo todavía diría más, es un peligroso asesino y un traficante criminal buscado en más de medio mundo.
-Su nombre es Roberto Rastapopoulos y es un prófugo de la justicia desde hace más de dos años. Creemos que tomó la identidad de Nick Rodwell cuando llegó a Quèbec.
-No puede ser…
-¿Reconoce a estas dos personas?
Le dejaron sobre la mesa las fotos del doctor Jacobs y de Germaine Kieckiens.
-Sí. Ella, cambiando la forma y el color de su pelo, es la señora Rodwell. Al otro no lo había visto nunca hasta hace un par de semanas. El señor Rodwell me lo presentó como el señor Blumenstein y me pidió que le llevara también a Halifax. Viajaba con su mujer, que está enferma e impedida. Yo le ayudé a subirla al coche, metí la silla de ruedas en el maletero y les llevé al Hotel Lord Nelson, muy cerca del puerto.
-¿Viajaba con su esposa?
-Sí, él mismo me lo dijo.
-¿Era esta persona?
Le enseñaron la foto de Bianca Castafiore.
-Sí, es ella, estoy seguro. Tuve que quitarle una pamela que llevaba para poder meterla dentro del coche.
-Esta foto corresponde a Bianca Castafiore, la cantante de ópera italiana que desapareció de “Le Chàteau Frontenac” hace dos semanas.
-No me lo puedo creer…
-Necesitamos que nos diga a qué lugar llevaba al señor Rodwell en Halifax.
-Siempre le llevaba al puerto. Allí posee unos tinglados con el nombre de “Well Road Shipin’ Group”. De normal le llevaba allí por la mañana y le recogía por la tarde para volver a Quèbec. Pero un par de veces me pagó el hospedaje en el Hotel Lord Nelson para que volviéramos al día siguiente.
-Detective Karaboud, necesito que usted y el teniente Delcourt se desplacen a Halifax con unos agentes de La Sûreté. Quiero que efectúen un registro a fondo tanto de “Well Road Shippin’ Group” como del Hotel Lord Nelson. Con un poco de suerte podremos encontrar allí algún hilo nuevo del que tirar.
-Yo aún diría más, debemos encontrar un hilo del que tirar de nuevo. Vayan agentes, que nada les entretenga.
Jan Karaboud y el teniente Delcourt salieron de la suite hacia la recepción. Debían hacer unas llamadas antes de partir hacia Halifax. Hernández y Fernández se quedaron a solas con Yves Rodier.
-¿Qué me va a pasar a mí?
-Nada, hijo… Estos canallas le han engañado a usted de igual forma que nos han estado engañando a nosotros. Pero lo que sí que querría es enseñarle una última foto. ¿Conoce a este joven?
Fernández sacó del interior de su chaqueta una foto de Tintín y la dejó sobre la mesa.
-No, no le he visto antes. ¿Quién es?
-Es otra persona que ha desaparecido y que sospechamos que pueda estar en poder de nuestros sospechosos.
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Re: OBJETIVO: RASTAPOPOULOS 2 (Provisional)

Mensaje por Bigtwin1000 » 06 Mar 2019, 13:11

Toma ya... un par de dias sin entrar y 3 capitulos seguidos para leer aplausos_ aplausos_

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Re: OBJETIVO: RASTAPOPOULOS 2 (Provisional)

Mensaje por zafiret » 07 Mar 2019, 10:47

CAPITULO OCHO

A duras penas consiguió abrir los ojos. ¿Dónde estaba? Tenía la vista nublada, no conseguía ubicarse. Le dolía la cabeza, tenía una tremenda jaqueca. Volvió a cerrar los ojos para intentar aclarar sus ideas. Le costaba recordar… ¡No podía recordar! Intentó moverse pero sólo sentía su cabeza y sus manos, aunque algo tiraba de ellas. Intentó abrir los ojos de nuevo. Lo consiguió y poco a poco se fue aclarando su visión. Oscuridad apenas rasgada por unas finísimas rayas de luz dispersas. Sentía su inmovilidad y notaba un olor que le resultaba familiar. Tragó saliva e intentó pedir ayuda. Se alteró mucho al ver que ni el más mínimo hilo de voz brotaba de su garganta. De repente notó cómo se tambaleaba. Madera, reconoció el olor a madera. Debía estar dentro de algún cajón. Poco a poco se iba encontrando mejor. Sus ojos se acostumbraron a la oscuridad. Tenía puestas unas esposas. Haciendo un gran esfuerzo levantó las manos y golpeó la tapa de madera que tenía a escasos veinte centímetros de su nariz. Los primeros golpes eran casi imperceptibles y poco a poco iban siendo más intensos y sonoros. Escuchó voces. Le parecían que estaban lejanas pero podía oírlas. Notaba cómo iba recuperando la movilidad de sus extremidades poco a poco. También tenía atados los pies. Intentó levantarlos pero apenas conseguía moverlos. Se sobresaltó cuando escuchó el traqueteo característico de unas cadenas rozando con la madera. Alguien intentaba quitar la tapa de madera. Por fin se abrió de golpe y una luz intensa le cegó la vista.
-A dormir, aún queda un largo camino por recorrer.
Sintió un pinchazo en el brazo y comenzó a notar cómo le invadía un profundo sueño. Antes de perder la consciencia consiguió identificar la voz de su captor.
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Re: OBJETIVO: RASTAPOPOULOS 2 (Provisional)

Mensaje por Bigtwin1000 » 07 Mar 2019, 19:21

palomitas_ palomitas_

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Re: OBJETIVO: RASTAPOPOULOS 2 (Provisional)

Mensaje por zafiret » 08 Mar 2019, 10:15

CAPITULO NUEVE

“Well Road Shippin’ Group” era una empresa que se dedicaba a hacer transportes internacionales. Tenía su sede principal en Vancouver, en la provincia de Columbia Británica. Rastapopoulos había encontrado la tapadera perfecta para llevar a cabo sus negocios. Había elegido bien el lugar en el que establecer su nueva red de contrabando. Canadá era perfecto. Por un lado tenía controlado el puerto de Vancouver, que le permitía una comunicación muy fácil y directa por mar con Asia a través de China, Japón, Rusia y Corea. Y por otro lado tenía también presencia en el puerto de Halifax, que le ofrecía un transporte marítimo rápido con África y Europa a través de Marruecos, Francia, Inglaterra y España. Aparte, tanto Vancouver como Halifax tenían aeropuertos internacionales que le ofrecían un escape rápido en caso de necesidad.

Jan Karaboud y el teniente Delcourt llegaron a Halifax junto con varios agentes de La Sûreté. Fueron directamente a los dos tinglados propiedad de Nick Rodwell en el puerto. Se notaba que habían tenido actividad reciente, pero estaban vacíos. Las oficinas las habían limpiado de una manera apresurada y había varios bidones de metal con ceniza en medio del tinglado número 1, cosa que indicaban que habían quemado allí mismo todos los documentos que no habían podido llevarse. Encontraron abandonadas varias máquinas para desplazar bultos grandes y pesados, así como enormes cajones de madera, palés de todos los tamaños y gran cantidad de materiales de todo tipo.
-Detective Karaboud… Acérquese aquí…
Un par de agentes de La Sûreté habían encontraron en un rincón la silla de ruedas en la que el doctor Jacobs sacó a Bianca Castafiore de “Le Château Frontenac”. Por fin tenían un rastro reciente del señor Blumenstein. Los dos agentes se quedaron allí con Jan Karaboud para intentar obtener alguna pista más mientras el teniente Delcourt se marchó al “Hotel Lord Nelson” con otros dos miembros de La Sûreté.
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